« Metternich ment toujours mais ne trompe personne ». Tayllerand

Cómo me hubiera gustado, cuando inicié la carrera de relaciones internacionales en la UNAM, haber tenido en mis manos esta formidable biografía de Metternich, el famoso canciller austriaco que jugó un papel de primera línea en la construcción del orden europeo del siglo XIX.  Metternich, el diplomático seductor, escrito por el profesor Charles Zorgbibe, acaba de aparecer en las librerías parisinas publicado por Hachette Littératures. El título de la obra puede confundir al lector, haciéndole pensar que se trata de una biografía novelada de la vida amorosa de Metternich, cuando en realidad se trata de un estudio serio y bien documentado sobre la trayectoria de uno de los actores centrales de la diplomacia de su tiempo, que sin menosprecio, incluye también algunos aspectos su vida privada. Es posible que el subtítulo fuera ideado por el editor para darle un valor comercial y no reducir sus lectores a los iniciados en el campo de los estudios internacionales.

 Zorgbibe, profesor de derecho público en la Sorbona y autor de numerosas obras sobre cuestiones internacionales e historia europea, nos presenta un Metternich vencedor de Napoleón; genial negociador diplomático y uno de los artífices de la construcción del concierto europeo, sin ocultar otras facetas controvertidas de su personalidad que lo describen como un gran seductor, aristócrata arrogante, manipulador y mentiroso.

Clemente Metternich nace en 1773 en la ciudad alemana de Coblenza. El diplomático austriaco era en realidad un aristócrata alemán de la región de Renania-Palatinado, que inició sus estudios de diplomacia a los quince años en Estrasburgo, donde coincide con Benjamin Constant, el conde Andrés  Razoumovski y el General Tolstoy. Es precisamente en Estrasburgo donde Metternich se topa por primera vez con las turbulencias de la Revolución Francesa. De ahí nace una ideología reaccionaria y contrarrevolucionaria que habrá de acompañarlo toda su vida. Instalado en Viena, donde su familia se refugia en 1794, logra un matrimonio de conveniencia con Eléonore von Kaunitz, nieta del poderoso canciller austriaco -el conde  von Kaunitz-, lo que de manera natural le abre las puertas de la corte imperial. A la muerte de su suegro, logra su primera misión diplomática en Dresden (capital del Reino de Sajonia) y en 1803, es nombrado embajador en Berlín (capital del Reino de Prusia). Entre 1806 y 1809 es embajador en París, donde se revela su gran capacidad diplomática en los más altos círculos políticos, así como su poder de seducción al volverse amante tanto de la Duquesa de Abrantes, esposa del General Junot como de Carolina, Reina de Nápoles, esposa del Mariscal Murat y nada menos que hermana de Napoleón, entre otras. Se trata de un verdadero retrato político de la época, junto con la descripción fascinante de una vida diplomática que desapareció en las cenizas de la historia. El libro de Zorgbibe nos pasea por las intrigas de la corte napoleónica y describe los denodados esfuerzos de Metternich por encontrar un modus vivendi con el conquistador que humilló y doblegó en tres ocasiones sucesivas al imperio austriaco.

Así, Metternich busca pragmáticamente acomodarse a la realidad política de la época y aboga por la colaboración con Napoleón, lo que le valió las críticas de muchos de sus conciudadanos. Se vuelve un experto sobre la personalidad de Napoleón, lo que hace las delicias del lector cuando se recorren las páginas dedicadas a la compleja relación entre el monarca y el diplomático. Metternich pone en práctica una diplomacia marcada de intriga y engaño, que fructifica en el matrimonio de Napoleón con la princesa María Luisa de Austria.

Es a partir de la derrota napoleónica en Rusia, cuando Metternich inicia el cambio de chaqueta. Como es bien sabido, Austria se mantuvo al margen de la invasión francesa de Rusia, mientras Metternich –que ya era el canciller austriaco - negociaba también en secreto con el Zar Alejandro I, buscando el momento más oportuno para que el Imperio Austriaco recobrara la iniciativa frente a la amenaza que representaban para sus intereses las ambiciones de Francia, Prusia y Rusia. De hecho, Metternich logra que Austria permanezca al margen de la coalición antifrancesa de 1813, pretendiendo actuar como mediador entre los dos bandos y ofreciendo un compromiso que dejara a la emperatriz María Luisa como regente de Francia.

En 1814, tras la abdicación napoleónica, las potencias vencedoras deciden reunirse en Viena para organizar el nuevo orden europeo, en un congreso que sesionará de noviembre de 1814 a junio de 1815. Metternich fue el actor central del Congreso de Viena, y la sección que el libro de Zorgbibe dedicada al tema es una obra magistral. Por cierto, cuando empecé mis estudios, la consulta obligada era (y sigue siendo) el libro de Kissinger: A World Restored: Metternich, Castlereagh and the Problems of Peace, 1812-22. El profesor Zorgbibe, por su parte y en diversos momentos cita a Kissinger para situar las cosas en contexto y apoyar su análisis sobre las discusiones del Congreso. Otro libro que puede resultar interesante sobre los entretelones de las negociaciones y el ambiente del Congreso, es el publicado por Harold Nicolson en 1946: The Congress of Vienna: A Study of Allied Unity: 1812-1822.

A través del relato de Zorgbibe observamos la habilidad negociadora del príncipe de Metternich que coloca a Austria -una potencia tres veces derrotada y humillada por Napoleón– como el eje del nuevo orden dinástico europeo, logrando además, nuevas adquisiciones territoriales y afirmarse como el mediador entre las potencias vencedoras. Metternich logra también armar el fino tejido que desemboca en la Santa Alianza de los vencedores de Napoleón.

Me hubiera gustado, sin embargo, que nuestro autor profundizara más en el papel de Tayllerand en el Congreso de Viena y en el registro de sus conversaciones con Metternich. No cabe duda que el ingenio, perseverancia y habilidad diplomática de Tayllerand, fueron factores decisivos para que Francia conservara su integridad territorial conservando al menos las fronteras previas a 1789.

En suma, con el Congreso de Viena nace un nuevo estilo de negociación internacional: la diplomacia de cumbres y congresos que, si bien no carece de antecedentes en otros momentos históricos, se afirma a partir de entonces como el gran referente de las relaciones internacionales.

Más en Metternich, el diplomático seductor

1989

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A 20 años del derrumbe del Muro de Berlín, los medios internacionales han dedicado extensos reportajes sobre los acontecimientos de noviembre de 1989, así como incontables ensayos, libros y artículos de opinión sobre el significado histórico del suceso. Un buen recuento del episodio puede encontrarse en Los siete minutos que conmovieron al mundo del corresponsal inglés Daniel Johnson, quien relata los pormenores de la pregunta formulada al funcionario del partido socialista de la RDA,  Günter Schabowski, quién erróneamente anunció, en una rueda de prensa internacional, que todas las leyes para viajar al extranjero habían sido derogadas, con efecto inmediato. Así, el error de Schabowski facilitó que el muro se viniera abajo en una cuantas horas.

Arts & Letters Daily, uno de mis sitios favoritos en el Internet, realizó una interesante selección de artículos que inspiraron las notas y enlaces que siguen abajo.

¿A quien dar el crédito? ¿la CIA? ¿ Mijaíl Gorbachov? ¿Ronald Reagan?  ¿Lech Walesa?… En realidad, no hubo una sola causa … No cabe duda que Helmut Kohl jugó bien sus cartas… El muro se derrumbó pero algunas barreras sicológicas aún permanecen en las mentes… Minuto a minuto se estaba haciendo la historia … Los alemanes siguen tratando de entender todo lo que ocurrió entonces… La caída del Muro de Berlín fue una circunstancia dramática que se fraguó a lo largo de mucho años… Tras el derrumbe vinieron momentos de júbilo, miedo e incertidumbre… Mientras el Este Europeo simple y llanamente había optado por el suicidio… Margaret Tatcher temía la reunificación alemana… y en Francia había políticos que coincidían plenamente con el dicho atribuido a François Mauriac: J’aime tellement l’Allemagne, que je préfère qu’il y a en ait deux…

20 años después del colapso del muro, Berlín sigue siendo una ciudad en transición que aún no se ha recuperado plenamente… Las grandes expectativas creadas sobre el eventual arribo de una era de paz, prosperidad y cooperación mundial nunca se materializaron… Aún cuando a las naciones del Este Europeo les ha ido relativamente bien en los últimos años todavía enfrentan serias dificultades para acceder al nivel de vida de sus vecinos de Europa Occidental… Las consecuencias de largo plazo de los sucesos de 1989 apenas han comenzado a apreciarse, tal como dan cuenta una serie de libros de reciente publicación. 

Josef Joffe nos recuerda que el la Unión Soviética fue el primer imperio que murió en su cama… y  Kissinger nos señala que el muro fue el símbolo más acabado de la Guerra Fría.

Por mi parte, en un libro que escribí pocos años después junto con José Rivera Banuet ( El Orden Mundial Emergente, México en el siglo XXI, Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, México, 1994) apunté lo siguiente:

“Con el fin de la oposición Este-Oeste, se anticipaba un nuevo orden  internacional que propiciaría el desarrollo continuo y equilibrado en un marco de paz y cooperación. La conclusión de los conflictos ideológicos y las expectativas abiertas por la globalización, hacían pensar que se había despejado el camino para atenuar las grandes diferencias entre las naciones industrializadas y los países en desarrollo. La humanidad estaba a la expectativa de  una acción concertada para  abatir los rezagos  en diversas regiones y cifraba en el fin de la Guerra Fría una razonable esperanza de lograr un desarme efectivo, tanto de armamento nuclear como convencional. De este modo se liberarían recursos adicionales para el desarrollo y  los esfuerzos de la comunidad internacional podrían concentrarse con más energía en el combate a la pobreza, la defensa del medio ambiente, el respeto a los derechos humanos y la lucha contra el narcotráfico”.

“Pronto estas expectativas fueron matizadas frente a signos inequívocos de inestabilidad. La desaparición del campo socialista no evitó la profundización de la crisis de valores de Occidente, ni la reaparición de algunos nacionalismos exacerbados, o de peligrosas tendencias desintegradoras. El proceso de globalización tampoco fue aprovechado para impulsar un nuevo esquema de desarrollo económico internacional. Asimismo, los avances democratizadores no se extendieron a los foros internacionales y las explosiones bélicas en el Golfo  Pérsico y los Balcanes evidenciaron los riesgos de la nueva era”.

Según Toynbee, una de las principales características de nuestra época es la transformación de la sociedad internacional a un ritmo sin precedentes, acentuada por el extraordinario avance de la tecnología. De ahí que la historia nos toma frecuentemente por sorpresa, sin advertir que las circunstancias cambiantes de toda organización social resultan de una lógica interna que acumula las experiencias pasadas con los desafíos de hoy.

Por último, no podría terminar esta nota sin hacer alusión a una asignatura pendiente: el hecho de que aún subsisten en el mundo miles  de kilómetros de barreras artificiales que son inaceptables para la dignidad humana y que obstaculizan la cooperación internacional entre los países. De ahí, recomiendo la lectura del artículo publicado en el País por Nicole Muchnik, bajo el título de Muros infranqueables.

Acabo de recibir la siguiente nota de mi hermano Antonio sobre el hiperlibro de  Jacques Atali (El sentido de las cosas), comentado recientemente en este blog:

 Me muero de ganas de leer el hiper libro de Atali. (No entendí tu empeño en querer traducir la conjunción hiper- que es en griego lo que en latín super – y en español como en francés significa grande en exceso) Si Atali encuentra que es propio del ser humano buscar una explicación a todo, ha descubierto América. Si mal no recuerdo fue Liebniz el que enunció el principio de la razón suficiente, según el cual debe haber una para que cualquier cosa exista o cualquier evento se produzca.  Como de ese principio se sigue que las cosas son como son, no podrían ser de otro modo y todo está bien como está, Voltaire afirmó que en la obra de Leibniz no hay nada útil que sea original ni nada original que sea útil, y mató al principio de la razón suficiente a carcajadas, inmortalizando al profesor Pangloss que sentenciaba que todo está bien en el mejor de los mundos posibles mientras a Candide le sucedían mil y una desventuras. Pero tiene razón Atalí en que es humano buscar explicaciones, y el fantasma del principio de la razón suficiente aún reconforta a muchos en la creencia de que la vida tiene sentido, la naturaleza no da saltos, las deidades existen. De Voltaire a Sartre hay un hilo que lleva a la nausea del absurdo, de la libertad, del convencimiento de que los accidentes ocurren y de que probablemente debemos la existencia a una única casualidad. Muy bien, pero ¿no es esa corriente otra búsqueda de explicación, de la razón suficiente?

El economista francés Daniel Cohen acaba de publicar un libro interesante y provocador: « La Prospérité du Vice: une introduction (inquiète) à l’économie ». (Albin Michel, París 2009).

Este trabajo es un viaje ágil y ameno por la historia económica del mundo. Un viaje que muestra como la economía ha modulado el comportamiento social a través del tiempo. Un viaje que nos lleva del Imperio romano a Hollywood, de la recesión de 1929 a la crisis económica generalizada de nuestros días, de la Alemania del Kaiser a la China contemporánea.  Un viaje inquietante, marcado por una pregunta que se hace el autor: ¿cómo es posible que el mismo Occidente que logró arrancar a Europa del reino de la hambruna y de la miseria, haya logrado desembocar en el suicidio colectivo de las dos guerras mundiales? 

Según Cohen, lo que sucedió ayer en Europa se repite hoy en día a escala mundial. Millones de campesinos en China, India y otros países abandonan los campos y emigran a las ciudades: la sociedad industrial remplaza a la sociedad rural. Ahora, nuevas potencias emergen: ayer fueron Alemania y Japón, hoy son la India y China. Las rivalidades se exacerban, sobre todo para controlar las materias primas, y las crisis financieras se suceden unas a otras. Contrariamente a lo que piensan los convencidos del “choque de las civilizaciones”, el principal riesgo del siglo XXI es – según el autor –que, en lugar de encaminarnos a la confrontación de las culturas o de las religiones, nos exponemos a repetir ahora, y a nivel planetario, la misma historia que ha tenido Occidente.

El autor advierte que mientras la crisis financiera ha evidenciado de manera brutal e intempestiva la avaricia de Wall Street, la economía globalizada transita hacia a un mundo de incertidumbre impulsada por falsa prosperidad del vicio, es decir por los excesos e insuficiencias del capitalismo moderno. De esta manera, las consecuencias de la crisis financiera mundial van mucho más allá de la necesidad de promover la regulación de los mercados. Para Cohen, la adicción malsana del hombre al crecimiento económico constante e innovador –mismo que ha generado la prosperidad del vicio - abren signos de interrogación sobre la viabilidad de continuar satisfaciendo este apetito insaciable. 

Hoy, en el marco de la globalización se plantean peligros inéditos en la historia de la humanidad. Cohen usa el siguiente ejemplo a modo de ilustración: “… si mil millones de chinos tuvieran mil millones de bicicletas, ello no engendraría ningún problema en el mundo.  En cambio, si mil millones de chinos tuvieran mil millones de automóviles, el futuro mismo del planeta estaría en riesgo”.

Así, Cohen se pregunta si el mundo podrá evitar el nuevo suicidio colectivo que predicen el cambio climático y los daños causados al medio ambiente. Estas son, entonces, algunas de las graves interrogantes que se plantean al comienzo de siglo XXI. Para Cohen, si se quiere comprender al mundo multipolar que se avecina, es preciso echar una mirada a la historia europea y evitar que sus errores sean repetidos por los nuevos actores en el escenario internacional.

Por último, en esta nueva era marcada por la revolución de las comunicaciones, los procesos de  globalización y la economía de la información, cabe preguntarse si la humanidad será capaz responder y de administrar adecuadamente la crisis ecológica, y transformar los modos de consumo occidental de tal modo que sean compatibles con su uso generalizado en todo el mundo.  Así, Cohen nos recuerda que, por primera vez en la historia humana, tenemos a la vista los límites precisos de la vida en nuestro planeta solitario. Ahora no podemos darnos el lujo de tratar de corregir las cosas después de cada error.  Por primera vez tenemos certeza del destino común de toda la humanidad y habrá que actuar en consecuencia.

Con una amplia cobertura de prensa y una excelente recepción por parte de la crítica francesa, la exposición “Teotihuacán, ciudad de los Dioses” que se presenta en el museo parisino del Quai Branly, abrió sus puertas el pasado 6 de octubre.

La exposición está dividida en seis secciones y ocupa más de dos mil metros cuadrados de la sede de este importante museo parisino. Ahí se exhiben piezas que ilustran la historia de Teotihuacán, su sociedad, organización política y económica, religión y vida palaciega, entre otros aspectos de la civilización que prosperó en el Valle de México durante casi ocho siglos.

La muestra, cuyo recorrido se abre al espectador con una impresionante figura del jaguar de Xalla, consta de 450 piezas entre las que destacan esculturas, cerámicas, pinturas murales y réplicas de las pirámides del Sol y de la Luna.

Muchas de las piezas expuestas en la Gallerie du Jardin de este recinto cultural son de reciente hallazgo y son fruto de los intensos trabajos de investigación realizados en los últimos años por especialistas mexicanos.

Curada por el fallecido antropólogo mexicano Felipe Solís, la exposición representa la primera gran muestra organizada en Europa sobre el legado de Teotihuacán y es un claro ejemplo de la excelente cooperación cultural que existe entre México y Francia.

La exposición “Teotihuacán, ciudad de los Dioses” fue inaugurada por el Director General del Instituto Nacional de Antropología e Historia, Alfonso de Maria y Campos y el Director del Museo del Quai Branly, Stephane Martin.

Durante un recorrido realizado la víspera de la inauguración oficial, el Ministro de Cultura de Francia, Frederic Mitterrand, pudo admirar la grandeza de esta civilización precolombina representada en esta muestra. “Pensándolo bien, yo diría que esta muestra me impresionó por tres razones. Me dejó pasmado la belleza de todos los objetos presentados aquí. Me asombró el trabajo extraordinario de los arqueólogos que descubrieron y salvaron todas estas obras y todas estas pinturas. Me encantó el misterio que sigue envolviendo a esa civilización. No se sabe exactamente cómo se organizaba el poder en ella. No se sabe exactamente por qué se extinguió. No se conoce su lengua. Tanto misterio es fuente de poesía. El altísimo nivel de las obras presentadas, la belleza de la escenografía y la calidad de la museografía hacen que esa muestra sea tan didáctica como poética. Es un logro increíble.”, dijo el Ministro Mitterrand a los periodistas presentes en el Quai Branly.

El economista e intelectual francés, Jacques Attali, acaba de producir un interesante e innovador libro que reúne sus conversaciones en Culture France con grandes personalidades en torno a temas de actualidad y prospectiva. Se trata – según Attali – del primer “hyperlivre” que se publica en Francia, es decir un libro que incorpora tecnología digital e interactiva como complemento a la lectura de los textos que contiene la obra.

La palabra “hyperlivre” me resulta imposible de traducir de manera literal a nuestro idioma. En español, la expresión hiperlibro nos refiere a la existencia de  libros antiguos, raros, agotados,  descatalogados y hasta de ocasión. Otra posibilidad de traducción sería la palabra superlibro que más bien se usa para nombrar historietas coleccionables para niños. Por tanto, me conformaré con usar la expresión libro digital.

Una vez resuelto el dilema de la traducción, y antes de comentar con más detalle la innovación digital que envuelve al libro, conviene escudriñar el contenido de la obra. Con la colaboración de la periodista Stephanie Bonvicini, el autor reunió colaboraciones de una treintena de personalidades del mundo intelectual y político francófono. Entre los más conocidos cabe mencionar a Claude Allègre, Boutros Boutros-Ghali,  Max Gallo, Marcel Gauchet,  Michel Rocard, Philippe Sollers, Jean-Claude Trichet y  Simone Veil, quienes nos ofrecen su visión de los grandes temas de nuestra época, en sus aspectos sociales, culturales, económicos, políticos y geoestratégicos.

Según Attali, es propio de la condición humana no aceptar jamás que un acontecimiento, un fenómeno natural o una muerte permanezcan sin explicación. En consecuencia, el hombre ha imaginado cosmogonías, teologías, mitologías y toda suerte de teorías que buscan dar una explicación o un sentido al destino del mundo, con el fin de comprender mejor las cosas. De ahí,  “El sentido de las cosas” busca descifrar algunas de las tendencias que están marcando los cambios y rupturas de nuestra época.  

Los escritores reunidos en la obra son expertos en sus respectivas materias y  de una manera ágil e inteligente abordan temas como: El porvenir de la religión;  La probable evolución de las relaciones familiares y sentimentales; El impacto de las nuevas tecnologías sobre la difusión de la música; La violencia en el mundo;  El futuro de la democracia;  Los nuevos contextos de la seguridad internacional; y El cambio climático.

En próximas entradas a este blog comentaremos algunos de los temas tratados en la obra que reseñamos. Basta por ahora decir que se trata de una vista panorámica del pensamiento de algunas de las mentes más lúcidas del mundo francófono sobre la cambiante realidad de nuestro tiempo. Como todas las empresas que acomete Attali, “El sentido de las cosas” es de gran interés para todos aquellos que tenemos una viva curiosidad por los temas de prospectiva.

Ahora bien, según la definición del editor, el “Hyperlivre” es un servicio digital, donde la obra impresa se complementa con el uso de nuevas tecnologías que permiten al lector complementar los textos con sonidos, videos, actualizaciones y métodos interactivos utilizando sea un celular, la computadora personal o el Internet.

Al final de cada capítulo o sección del libro digital aparece un enigmático código gráfico (flashcode) que puede ser leído por un teléfono celular (siempre y cuando cuente con el software apropiado y una cámara fotográfica) y que permite obtener por vía SMS una variedad de respuestas tales como sonidos, fotografías videos o textos adicionales. El libro digital se complementa con lo que los editores llaman hipercontenidos (me doy, renuncio a traducir la expresión francesa hypercontenus”). Otra vía para obtener los hipercontenidos o entablar comunicación con los autores es a través del Internet mediante una visita al sitio: www.hyperlivre-lesensdeschoses.com

En suma, y más allá del hecho que el prestigio de los autores despierta un indudable interés por la obra, “El sentido de las cosas”  anticipa de algún modo la evolución futura del libro impreso, así como un mundo de posibilidades que los asombrosos avances tecnológicos abren a los lectores del Siglo XXI.

Con toda franqueza no me sorprende que el Premio Nobel de la Paz – adjudicado ayer al Presidente de Estados Unidos – haya desencadenado tal polémica, como bien lo relata el Times: Barack Obama’s peace prize starts a fight. No cabe duda que la derecha norteamericana resintió el premio como una bofetada, tal como lo comenta Carlos Fuentes en su artículo de hoy en Reforma: Un premio merecido. Fuentes agrega en su escrito que las complejas realidades de la actualidad internacional no encuentran ni encontrarán por ahora una solución final y agrega: “… son parte de un mundo en evolución constante. Esto es lo que Obama ha entendido. En vez de aplicarle al mundo un cancel de fierro concebido por y para una sola nación, los Estados Unidos de América, Obama admite la diversidad política, económica y cultural de los demás y ofrece tratar con ella, dialogar y negociar en vez de dictar e invadir. ¿No es este un cambio fundamental de las relaciones exteriores? ¿Y no merece su iniciador, Barack Obama, un premio por lo ya logrado que es también un incentivo para lo que aún falta?”

En este contexto, coincido plenamente con el análisis de Lluís Bassets publicado hoy en El País: “No por lo que ha hecho, sino por lo que hará. No como un reconocimiento, sino como un compromiso. Ni como un laurel, sino como una carga. Así lo ha entendido el premiado, que recibió la noticia con un discurso en el que transfirió todo el mérito del premio a las ansias que tiene el mundo por contar con unos Estados Unidos que hagan avanzar la paz y el desarme…” Más en ¿A quién molesta este Nobel?

Juan José Bremer

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El destacado diplomático, político y escritor mexicano, Juan José Bremer habrá de retirarse del Servicio Exterior Mexicano en las próximas semanas. A lo largo de sus 22 años de servicios en el extranjero, Bremer se desempeñó con talento, profesionalismo y singular habilidad al frente  de las misiones diplomáticas mexicanas en  Suecia, Alemania, la Unión Soviética, España, Estados Unidos y el Reino Unido. Verdadero caballero de la diplomacia y con un marcado don de gentes, el Embajador Bremer sembró amigos en todos sus puestos y demostró siempre un profundo compromiso con la causa de México. Ahora, en el momento del retiro, Juan José da una nueva prueba de la nobleza de su carácter y rinde homenaje a la diplomacia mexicana en una carta de despedida que publicó el 7 de octubre en el diario Reforma y que reproduzco abajo. Por mi parte, al igual que sus muchos amigos en el Servicio, le deseo a Juan José la mayor de las suertes en la nueva etapa que habrá de iniciar en su vida, seguro que habrá de tener indudable éxito en las tareas que emprenda. Mientras tanto, por medio de este sitio rindo homenaje a la calidad humana y profesional de mi amigo Juan José Bremer. 

Carta de Juan José Bremer

“Al cierre de un ciclo profesional de cerca de 22 años, en el que he representado a mi país en Suecia, la Unión Soviética, la República Federal de Alemania, España, los Estados Unidos y el Reino Unido, le hago llegar las siguientes líneas: No soy miembro del Servicio Exterior de carrera, pero he trabajado muy de cerca con sus integrantes hasta estos años. He decidido hacer pública, precisamente en esta fecha, esta carta de reconocimiento a mis compañeros del Servicio Exterior, porque desde una perspectiva equivocada se ha buscado presentar esta indispensable función pública como un mundo de dispendio y privilegios. Los Ministerios de Relaciones Exteriores son de las más antiguas instituciones del Estado Nacional y están asociados estrechamente a su evolución. Los gobiernos dan a sus representaciones en el extranjero una alta prioridad, porque es la forma en que participan en los asuntos de la comunidad de naciones relacionados con la seguridad, la paz y las relaciones económicas; y a través de las mismas promueven sus intereses, defienden los derechos de sus ciudadanos que viven fuera, difunden los valores culturales nacionales y su imagen en el exterior. No voy a profundizar en cada una de estas actividades, tan sólo me basta señalar que en todas ellas el Servicio Exterior Mexicano cuenta con una impecable hoja de servicios. Sus aportaciones han sido reconocidas en el seno de las instituciones internacionales, en donde los diplomáticos mexicanos han trabajado en forma comprometida y constructiva, sea formando parte de ellas o representando a nuestro país. Los momentos de crisis son propicios para revisar el funcionamiento de las instituciones, pero siempre he creído que una sociedad madura sabe mantener un equilibrio entre el ejercicio indispensable de la crítica y la denuncia, a fin de corregir lo que sea necesario; y la disposición de reconocer lo que vale y debe ser respetado. Solamente así las nuevas generaciones tendrán confianza en su país”.  

El martes próximo se inaugurará en París, en el Museo del Quai Branly, la magnifica exposición Teotihuacan cité des Dieux, integrada por más de 450 obras maestras que provienen de diversos museos de México. La muestra representa una excelente ocasión para que el público francés y europeo pueda comprender la importancia que tuvo Teotihuacán en el mundo mesoamericano. Esta exposición es un fiel reflejo de la extraordinaria diversidad y riqueza cultural del México antiguo. Así, los visitantes podrán adquirir una visión muy completa de una sociedad milenaria que habitó una gran urbe prehispánica, a través de varios temas que nos revelan los aspectos esenciales de su vida cultural y artística, su extraordinaria arquitectura monumental, así como su organización política y social.

Esta magna exposición realizada por el Instituto Nacional de Antropologia e Historia de México se ha convertido en un homenaje a su curador, Felipe Solís, destacado arqueólogo mexicano recientemente fallecido. Bajo la égida de los Presidentes de México y Francia, con el patrocinio del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, el Museo del Quai Branly y la Fundacion Televisa A.C, esta exposición se presenta por primera vez en Europa. Más de la mitad de las obras maestras que integran la muestra nunca habían salido de México y serán exhibidas por primera vez en Europa.

Con este gran acontecimiento, arrancamos en Francia las actividades que se organizarán para celebrar el Bicentenario de la Independencia (1810-2010) y Centenario de la Revolución Mexicana (1910-2010). La exposición podrá visitarse en el Museo del Quai Branly, al lado de la Torre Eiffel, en la siguiente dirección: 27 quai Branly. La muestra puede visitarse todos los días de martes a domingo a partir de las 11horas, desde el martes 6 de Octubre de 2009 al domingo 24 de Enero de 2010. Aún cuando pueden obtenerse boletos en la taquilla del museo, si quieren evitarse largas filas de espera lo recomendable es reservar sus lugares en línea.

En la última edición de Foreign Affairs (septiembre-octubre 2009) Josef Joffe, editor de la revista alemana Die Zeit, ha publicado un interesante ensayo que cuestiona el pretendido declive del poderío estadounidense en el mundo, bajo el título: The Default Power. The False Prophecy of America’s Decline.  Según Joffe, desde que Estados Unidos se volvió una superpotencia mundial, de manera recurrente surgen voces que pronostican su declive, cuestión que nuevamente se ha puesto de moda en el contexto de la crisis financiera global. El autor señala que en el mundo de hoy, el poder económico y militar norteamericano es de tal magnitud que la supremacía de ese país está asegurada por largo tiempo. 

Conforme a datos actuales, el autor recuerda que el valor de la economía norteamericana es 14.3 trillones de dólares (14 miles de miles de millones). Esto quiere decir que la economía norteamericana es tres veces mayor que la de la segunda economía mundial (Japón) y ligeramente superior a los 16 países de la llamada eurozona que, en su conjunto, representan $13.5 trillones. El único rival serio podría estar representado por la Unión Europea con un producto de $18 trillones - si sumamos el PIB de todos sus miembros – aunque, como dice el autor, lograr una acción estratégica concertada de los 27 países es todo un rompecabezas. Estados Unidos también supera a las principales potencias en términos de ingreso per cápita: con $47,000 por habitante. En suma y, a pesar del impacto de la crisis económica global, la brecha entre Estados Unidos y las demás potencias sigue siendo inmensa.

En el ámbito militar la brecha es aún mayor. En realidad es gigantesca. Estados Unidos juega en una liga aparte del resto del mundo. En 2008, los gastos militares de la superpotencia alcanzaron los $607 billones (miles de millones), es decir casi la mitad del total de gastos militares de todo el planeta. Los siguientes 9 Estados en gastos militares sumaron entre todos $476 billones, mientras que los eventuales competidores de Estados Unidos por la supremacía global (China, India, Japón y Rusia) dedicaron en conjunto $219 billones. El presupuesto militar China que, de acuerdo con algunas predicciones podría llegar a ser la próxima potencia global, es siete veces menor al de Estados Unidos.

Por mi parte, sugiero leer el libro de Fareed Zakaria, The Post American World, mismo que ya recomendé en este blog y que ve las cosas desde otro ángulo. En realidad, la novedad política de hoy no es que Estados Unidos sea más o menos poderoso, sino el hecho incontestable que hay nuevos actores que han arribado a la escena global. Más allá de que Estados Unidos sigue -y seguirá siendo por mucho tiempo- el país más poderoso de la tierra, el ascenso de China y otros países, así como la creciente influencia de organizaciones y actores no gubernamentales, están haciendo sentir su presencia en la escena mundial. No cabe duda que ello y otros factores han limitado la influencia de la superpotencia. Por ello reafirmo lo dicho en mi blog en agosto pasado, “comprender el contexto en que nuestros países habrán de moverse en los próximos años será, no cabe duda, condición de supervivencia”.