La ruptura entre la vieja y nueva diplomacia en la era de la globalización es, entre otros factores, consecuencia de la reducción de la distancia real entre los países tanto en el espacio como en el tiempo. Los avances de la tecnología de la información y la revolución de las comunicaciones han vuelto vecinos a todos los pueblos de la tierra. La difusión instantánea de noticias a través de los medios internacionales puede tener efectos políticos de alcance transcontinental o impactar los mercados globales en cuestión de minutos. La consecuente aceleración de los tiempos políticos impone a los hombres de Estado respuestas inmediatas frente a fenómenos políticos complejos, con el riesgo de caer en improvisaciones u equívocos.

Un buen ejemplo de la evolución del fenómeno arriba descrito, puede encontrarse al final de la Guerra Fría, cuando en 1961, el Presidente Kennedy esperó varios días antes de reaccionar frente a la construcción del Muro de Berlín. En cambio, el Presidente Bush (padre) tuvo que pronunciarse en unas cuantas horas sobre el desmantelamiento del mismo muro en 1989. Así, en la noche del 12 al 13 de agosto de 1961, y sin previo aviso, elementos del ejército comunista de la República Democrática Alemana, construyeron el muro y sellaron los accesos a Berlín Oeste. La reacción de los aliados fue lenta: pasaron 72 horas para que los aliados protestaran diplomáticamente ante Moscú. Fue hasta el 19 de agosto, cuando el Presidente Kennedy envió a Berlín al Vicepresidente Jonson y giró instrucciones para la movilización de 4,224 oficiales y soldados del ejército norteamericano para reforzar la seguridad de Berlín Occidental. 28 años más tarde, el derrumbe del muro ocurrió en la noche del jueves 9 al viernes 10 de noviembre de 1989. El episodio fue televisado en vivo y en directo a todo el mundo. Las reacciones internacionales se produjeron en unas cuantas horas.

En años recientes, los ataques terroristas del 9 de septiembre de 2001 en Nueva York, las guerras en Afganistán e Irak,  las tensiones en Palestina y Medio Oriente, la invasión rusa de Georgia, los desafíos y aprestos bélicos de Corea Norte, así como las presiones ejercidas sobre Irán para que desista de sus proyectos nucleares, han sido transmitidas en tiempo real, en vivo y en directo, a cientos de millones de personas en todo el orbe.

En la era de las comunicaciones instantáneas la agenda diplomática es dictada por la velocidad de los acontecimientos. Hoy en día las acciones y reacciones diplomáticas suelen estar condicionadas por la evolución de los sucesos que, con gran frecuencia, alteran estrategias preconcebidas de política exterior y ejercen gran influencia sobre el comportamiento internacional de los Estados.

Como ha dicho McLuhan (1987) los medios de comunicación de masas han transformado la vida de los hombres y su relación con el entorno, construyendo “un lenguaje social específico, que hace cambiar nuestras percepciones sobre la sociedad y nuestras relaciones con los demás”.


La aceleración del tiempo de respuesta y la necesidad de posicionarse   de manera inmediatas frente a sucesos internacionales, distorsiona el proceso de toma de decisiones e interfiere con la práctica normal de la diplomacia. La diplomacia tradicional estaba normalmente enfocada hacia audiencias claramente definidas y sus mensajes podían ser adecuados con gran facilidad a las circunstancias del momento. Hoy en día, la televisión suele imponer sus tiempos y exige respuestas inmediatas por parte de los actores políticos. Dado que la opinión pública juega un papel determinante en la configuración de consensos de política exterior y en la proyección internacional de un país, los hombres de Estado y los diplomáticos deben estar muy conscientes del potencial que el uso y abuso de los medios puede representar para sus proyectos. 

Al final de los noventas, el Foreign Office (FO) inició un importante proceso de reformas que desembocó en amplia revolución institucional y en la modernización del “modus operandi”  de la diplomacia británica, cuyos fundamentos estaban atados a tradiciones diseñadas cuando menos doscientos atrás. Desde el momento en que Robin Cook fue nombrado al frente de la diplomacia británica en 1997, las estructuras del FO se conmovieron bajo el impacto de una nueva política exterior -el “New Labour” de Tony Blair. El nuevo ministro dio cuerda a los “jóvenes turcos” (es decir los funcionarios de nueva generación que buscaban un cambio en el rígido sistema de promociones y asignación de responsabilidades dentro del FO) e impulsó su participación activa en las discusiones y grupos de trabajo creados con este propósito. Este ejercido incluyó profundas reformas a los procesos de selección y reclutamiento de personal, la formación de cuadros, los programas de actualización de conocimientos, las modalidades de promoción, la asignación de puestos y adscripción del personal tanto en el ministerio como en el exterior. Todo el sistema de comunicaciones y documentación fue objeto de una profunda transformación para incorporar los últimos avances de la tecnología de la información. La búsqueda de una mayor transparencia en la formulación de la política exterior, las relaciones y formas de comunicación vertical y horizontal entre funcionarios del ministerio, así como los aspectos de coordinación y enlace con otras dependencias, legisladores y actores políticos y sociales, fueron capítulos de la mayor importancia en este ejercicio.

El relato fascinante de este proceso es abordado por John Dickie en su libro: The New Mandarins: How British Foreign Policy Works, publicado en 2004 y que hasta ahora llegó a mis manos. El autor tuvo acceso a los participantes de este proceso y obtuvo información privilegiada sobre el funcionamiento de la cancillería británica. Cualquier estudioso de temas internacionales interesado en conocer cómo funciona el FO tendrá - por primera vez – la posibilidad de conocer las entrañas mismas de la diplomacia británica. Ameno y bien escrito, The New Mandarins no tiene desperdicio. Desde la descripción de los complicados mecanismos de ingreso y promociones hasta los detalles del proceso de toma de decisiones o las características  de la diplomacia pública, el libro de Dickie ofrece amplia e interesante información hasta ahora reservada para los corredores del FO.

Lo más interesante del libro es el recuento de cómo se llevó a cabo esta revolución dentro del FO, una de las instituciones más conservadoras de la política británica. Fue una revolución que duró cerca de cinco años y cuyo desenlace fue observado en el resto del mundo, ya que este proceso se volvió un referente obligado para los procesos de reformas en otros ministerios de relaciones exteriores, muchos de los cuales han tenido que ajustar sus estructuras para responder a los cambios de la sociedad internacional. Como es bien sabido, la multiplicación de actores internos y externos de la política exterior, así como el desarrollo espectacular de las comunicaciones y los avances en la llamada tecnología de la información han favorecido la proliferación de contactos directos entre dependencias de gobierno de todo el mundo, pasando por encima de los “conductos diplomáticos” y de la coordinación institucional a cargo de los ministerios de relaciones exteriores. En este contexto, las reformas han sido para muchos ministerios condición de supervivencia.

John Dickie nos  cuenta cómo el controvertido Ministro Cook impulsó a los jóvenes turcos –bajo el liderazgo de su asesor y “speechwriter”  Martin Gould – para que promovieran y redactaran su propia agenda `para el cambio. En apenas seis meses se crearon 100 grupos de contacto con la participación de 1,000 diplomáticos, quienes produjeron un informe con propuestas específicas para el cambio: Foresight 2010. Hasta la fecha este documento no se ha publicado. Estas ideas y propuestas para el cambio fueron abordadas por grupos de trabajo encabezadas por los subsecretarios de carrera de mayor jeraquía, con lo que se evitó una confrontación entre los jóvenes reformistas y los llamados “mandarines”, es decir  funcionarios de alto nivel que ocupaban los puestos de mayor responsabilidad en el ministerio y el servicio exterior.  

En próximas entregas comentaremos algunas de las reformas específicas emprendidas por el FO y que puedan ser de interés general para otras cancillerías. Mientras tanto, los invitamos a leer este interesante libro.

 

Las desafortunadas e injustificables acciones de discriminación que algunos de nuestros compatriotas han tenido que padecer con motivo de la gripe A-H1N1, como sucedió recientemente en Hong Kong y Singapur, contrastan con los gestos solidarios y las muestras de apoyo que los mexicanos hemos recibido en otras latitudes. Como es bien sabido, la reacción de un pueblo frente a las epidemias o desastres naturales está condicionada por factores culturales e históricos, así como por el nivel de desarrollo económico y social alcanzado en su propio país. Entre los individuos, estas reacciones dependen además de factores emocionales donde se entrelazan el miedo y el instinto de supervivencia.

A lo largo de la historia encontramos numerosos ejemplos de los estragos que han causado epidemias como la peste negra o la gripa española,  y también de la clase de reacciones que estos fenómenos han suscitado. Ahora, en la era de la globalización, las noticias llegan a todos los confines de la tierra en cuestión de minutos y consecuentemente el miedo al contagio se difunde como pólvora por todas partes. En este contexto, cabe preguntarse si a raíz del vertiginoso desarrollo tecnológico y científico de los últimos años la humanidad está hoy mejor preparada frente a estos desafíos. No cabe duda que desde el punto de vista científico hemos progresado años luz y que la medicina moderna tiene ahora poderosos recursos para enfrentar las epidemias, mismos que hace pocos años eran inimaginables. En cambio, sospecho que las reacciones de individuos y pueblos frente a estas calamidades no son tan diferentes como en otras épocas.

Con el fin de proseguir estas reflexiones, he vuelto a leer un libro extraordinario y ciertamente revelador: “La Peste”, escrito por Albert Camus en 1947. Como podrán recordar los lectores, la historia comienza en la apacible ciudad de Orán, cuando Argelia era todavía colonia francesa. De pronto la peste irrumpe en Orán rompiendo gradualmente la tranquilidad de sus ciudadanos, quienes no le dan al principio mayor importancia pero que con el paso de los meses cobra fuerza y deja centenares de personas muertas. Con el tiempo se produce una suerte de resignación a la desgracia y durante meses, la ciudad de Orán vivió doblegada a la peste. Un día y de manera súbita la peste comenzó a disminuir, pero esta no se va del todo, incluso parece que juega con la vida de habitantes de la ciudad, ya que reaparece y desaparece de improviso. Finalmente las autoridades deciden abrir las puertas de la ciudad al exterior y, poco a poco, vuelve la vida de la población a recuperar su ritmo apacible.

Por medio de “la Peste” Camús hace una profunda crítica de su tiempo y representa a través de la epidemia un hecho social, en el cual las personas se ven sometidas a eventos trágicos y devastadores, que los hacen reflexionar frente a su porvenir, sobre lo cotidiano y el destino de sus existencias. En esta novela escrita en la posguerra por uno de los principales exponentes del llamado existencialismo, Camús nos recuerda que  “es importante tener en cuenta, que la alegría está siempre amenazada, porque aún cuando la muchedumbre estuviera dichosa, ignoraba que la peste no muere ni desaparece jamás y que puede permanecer dormida durante siglos en nuestros pensamientos, para luego volver a azotar con su fuerza a la humanidad”.

Los mexicanos que, por diversas circunstancias, nos encontramos ahora en el extranjero, debemos sentirnos muy orgullosos por la manera tan responsable, solidaria y ejemplar con la que han reaccionado nuestros compatriotas en México frente a la emergencia desatada por la gripa A-H1N1. Las medidas extraordinarias que se han tomado en nuestro país para contener la epidemia no tienen precedente en el mundo. Estas medidas hablan de la seriedad con la que nuestro país ha confrontado el desafío y muestra una voluntad inquebrantable por parte del pueblo mexicano para superar la emergencia. La Embajada de México en Francia ha puesto a la disposición del público una amplia información sobre el brote de influenza registrado y que puede consultarse en nuestra página de internet bajo el rubro Alerta: brote de influenza, tanto en español como en francés. En este sitio, podrán encontrar además vínculos útiles hacia los sitios de las instituciones mexicanas competentes en la materia. 

Por otro lado, y ante el uso y abuso de la expresión “gripe mexicana” en los medios franceses, nuestra misión diplomática emitió el pasado 30 de abril un comunicado de prensa rechazando de manera contundente el uso de la denominación “gripa mexicana” cuando se hace referencia al virus H1N1 que provoca la enfermedad conocida como gripe porcina, estos dos términos utilizados por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Afortunadamente hemos notado una reacción positiva de los medios franceses frente a la protesta de nuestra embajada y, en su mayoría, ya han dejado de usar esta expresión discriminatoria e injustificada. Desde entonces observamos que empiezan a llamar la gripe por su nombre correcto (A-H1N1) es decir el adoptado oficialmente por la Organización Mundial de la Salud, precisamente el viernes 1 de mayo. 

Por otro lado, un amigo me ha compartido el vínculo del Center for Disease Control and Prevention (CDC) de Estados Unidos que es de consulta obligada para médicos especialistas en este tema. Este amigo me ha hecho notar que el Morbidity and Mortality Weekly Report (MMWR) de dicha institución recuenta la sucesión de los primeros casos en el Sur de Estados Unidos durante marzo y principios de abril. Igualmente se afirma que la primera comunicación científica, aparecida el 21 de abril, en ese país se reportan dos casos, de San Diego y Texas, a finales de marzo, y se determina que se trata de un virus de origen porcino que contiene secuencias de cepas americanas y europeas. Para quienes deseen profundizar en esto pueden consultar la publicación semanal del CDC. Por último, en el New York Times podemos consultar un mapa interactivo que reporta los nuevos casos reportados (sospechosos y confirmados) en todo el mundo, mismo que se actualiza varias veces al día.

Como dijera Jesús Reyes Heroles (1921-1985) “en política, la forma es fondo”. Ello viene a cuento por lo sucedido en la V Cumbre de las Américas, cuyos trabajos concluyeron el domingo pasado en Trinidad y Tobago sin lograr un acuerdo unánime sobre la declaración final, pero que fue adoptada por consenso para preservar el clima positivo del encuentro. Este dato no empaña el valor de la cumbre en cuanto a posible punto de arranque para una nueva relación hemisférica, una relación “en la que no hay socios pequeños y socios grandes, sino socios en igualdad de condiciones”, tal como dijo el Presidente Obama durante su discurso pronunciado en la sesión inaugural. En un tono radicalmente distinto a los pronunciamientos de otros tiempos, el mandatario estadounidense reconoció que las promesas de cooperación formuladas por su país en el pasado no fueron concretadas y que Estados Unidos solía tratar de imponer los términos de la relación continental.

Así, conforme al refrescante nuevo estilo de la diplomacia norteamericana (ver “el fin de la arrogancia”), Obama puntualizó: “tenemos muchas diferencias respecto a muchos temas, pero en la medida en que podamos ser respetuosos de las reglas democráticas, podemos encontrar lo que tenemos en común”. Se cierra así una cumbre que algunos medios calificaron como parca en resultados específicos y “repleta de apretones de manos y buenas intenciones”. Aún desde ese punto de vista, cabe admitir que ello es un logro importante, sobre todo si se recuerda el enfrentamiento con el que concluyó hace cuatro años la Cumbre de Mar del Plata. En todo caso, se cierra un capítulo de las relaciones entre América Latina y Estados Unidos marcado por la desconfianza de unos y la indiferencia de otros, como sucedió durante los últimos ocho años.

Falta ver si las buenas intenciones se concretan pero no puede negarse que el cambio de estilo en la diplomacia norteamericana ha sido bienvenido y saludado por todos los actores políticos de la región, independientemente de sus posiciones ideológicas. Como dice acertadamente el reportero del diario El País: “como ocurrió tras su gira europea, Obama pisa un terreno peligroso, una política exterior blanda con la que corre el riesgo de ser criticado en su país por poner en peligro los intereses nacionales, una política que, sin embargo, él defendió como la más adecuada en estos momentos para resucitar el liderazgo estadounidense”. Así, Obama sembró una semilla de reconciliación que fue bien recibida por todos y que augura una nueva era de diálogo en nuestro continente. Un gesto que nos recuerda la importancia de las buenas maneras tanto en diplomacia como en política, es decir que la forma es fondo.

 

La riqueza de los fondos mexicanos que se conservan en la Biblioteca Nacional de Francia (BNF) y la posibilidad de explorarlos hoy con una mirada diferente, es motivo de una notable exposición que se presenta en el Instituto Cultural de México en Francia.

La exposición “Mexiques poétiques, réels et surréels. Français et francophiles au lendemain de la Révolution mexicaine” fue concebida en el marco del Salón del Libro de París 2009. La BNF quiso sumarse a la presencia de México en esa importante feria acogiendo una conferencia magistral de Carlos Fuentes y poniendo a disposición algunas joyas bibliográficas y documentales de su acervo para integrar una exposición. He aquí el resultado. Como antecedente histórico de la muestra, el curador Alfonso Alfaro ha evocado la amplia exposición de libros mexicanos que Alfonso Reyes organizó en 1955 en La Sorbona, para la que la BNF prestó un centenar de volúmenes.

“Mexiques poétiques, réels et surréels” se conforma con documentos de gran valor que dan fe de las relaciones artísticas, literarias e intelectuales que se tendieron entre México y Francia después de la Revolución mexicana y a lo largo de la primera mitad del siglo XX. Las piezas selectas son tanto bibliográficas como visuales. Sorprende al visitante encontrarse con una rara carpeta de apuntes de Gerardo Murillo, el Dr. Atl, y con estampas nunca antes exhibidas de Jean Charlot, uno de los padres del muralismo mexicano, así como con fotografías etnográficas de Manuel Álvarez Bravo, o con la edición de Piedra de sol de Octavio Paz. Un cuadro imponente de Ángel Zárraga señala el aporte de este pintor y poeta que exploró conceptualmente los vínculos de México con Francia mediante una iconografía simbólica. En el juego de las correspondencias, la muestra compone un acorde extraordinario entre el viaje del poeta y dramaturgo Antonin Artaud a la Sierra Tarahumara y una inusitada colección de fotos a la misión jesuita establecida en esa región.

Con profunda tristeza supe de la muerte del Dr. Raúl Alfonsín, a quien tuve el honor de conocer y tratar hace ya varios años. La Argentina entera está de luto por la pérdida de este gran hombre, incansable luchador por la democracia y buen amigo de México. Recuerdo haberlo visitado alguna vez en su departamento de Buenos Aires donde recibía con gran modestia y sencillez. Me impresionó su clara inteligencia y profunda vocación latinoamericana. Como dijo acertadamente Joaquín Morales Solá en su columna de La Nación: “Era, ahora lo sabemos, un político querido o respetado, que no despertaba rechazos entre los dirigentes ni en la gente común. Cuesta comparar la conmoción social y el dolor popular que provocó en las últimas horas la muerte de Raúl Alfonsín con aquel presidente de 1989 que debió entregar el gobierno cinco meses antes de la conclusión de su mandato, en medio de una grave crisis económica. ¿Es consecuencia sólo de su carisma? Lo tenía, y en un grado importante, pero también es cierto que él expresaba valores que la sociedad está extrañando…”

Frente al escepticismo de gran parte del mundo, la Cumbre de Londres ha logrado enviar un mensaje de esperanza y unidad frente a la crisis económica globalizada. Las 20 economías más importantes del planeta lograron un acuerdo histórico que permitirá destinar más de un billón de dólares para enfrentar la aguda crisis internacional y anunciaron importantes reformas al sistema financiero global. El documento íntegro de la Cumbre del G-20 puede consultarse en el sitio del diario El País: “Plan Global para la recuperación y la reforma”.

Los líderes del G-20 se comprometieron a hacer lo que sea necesario para: restablecer la confianza, el crecimiento y el empleo; reparar el sistema financiero para restaurar el crédito; reforzar la regulación financiera para reconstruir la confianza; financiar y reformar las instituciones financieras internacionales para superar esta crisis y evitar crisis futuras; fomentar el comercio y la inversión globales y rechazar el proteccionismo para apuntalar la prosperidad; y construir una recuperación inclusiva, ecológica y sostenible.

Con tal propósito, los acuerdos constituyen un programa adicional de 1,1 billones de dólares de apoyo para restaurar el crédito, el crecimiento y el empleo en la economía mundial. Las medidas son las siguientes: triplicar los recursos a disposición del FMI hasta los 750.000 millones de dólares; apoyar una nueva partida de Derechos Especiales de Giro (DEG) de 250.000 millones de dólares y al menos 100.000 millones de dólares en préstamos adicionales por parte de los bancos multilaterales de desarrollo (BMD); garantizar 250.000 millones de dólares de apoyo para la financiación del comercio; y utilizar los recursos adicionales de las ventas de oro acordadas por el FMI para la financiación concesional de los países más pobres.

Como señaló el Secretario de Hacienda de México, Agustín Carstens en un artículo publicado hoy en El Universal: “La crisis actual impone desafíos inéditos y requiere respuestas oportunas, contundentes y coordinadas. Para México, la cumbre de Londres planteó la oportunidad de acordar una agenda ambiciosa e integral que muestre claros compromisos de los gobiernos para restablecer la confianza y generar un cambio radical en las expectativas”.

Como todos recordamos, el Siglo XX terminó de una forma abrupta y esperanzadora con la caída del muro de Berlín y el derrumbe del campo socialista. No obstante, el fin de la Guerra Fría no trajo consigo una nueva era de paz, cooperación y desarrollo compartido en el mundo. Por el contrario, la continuación de la política del poder en las relaciones internacionales y la acentuación de algunos conflictos regionales, como fue el caso del Medio Oriente, se tradujeron bien pronto en nuevas y complejas circunstancias que pusieron en jaque a toda la humanidad. Así, el nuevo milenio nació bajo el impacto de los ataques terroristas del 9 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas de Nueva York. En los últimos meses, la agudización de la crisis financiera internacional se extendió como pólvora en todo el mundo, mostrando las debilidades del proceso de globalización y poniendo en evidencia los excesos del capitalismo financiero de Wall Street.

La respuesta de la Cumbre de Londres frente a la crisis muestra la importancia de afirmar la responsabilidad regulatoria del Estado frente a los procesos económicos. El mercado es un instrumento necesario pero insuficiente para regular la actividad económica. Más aún, en el contexto de los procesos económicos globalizados el papel regulador del Estado constituye la única garantía capaz de evitar que los excesos y errores cometidos por los especuladores financieros se repitan.

En este contexto recomiendo la lectura del artículo de Thierry de Montbrial, publicado en el New York Times, en vísperas de la Cumbre: A World in Need of a New Order.

 

A propósito de la cumbre del G-20 en Londres, vale la pena visitar el blog del Financial Times con información actualizada y de última hora sobre esta reunión que Le Figaro calificó hoy de histórica, y que ha generado una enorme ansiedad y expectativa en todo el mundo. Por cierto, en el sitio mencionado se encuentra un interesante artículo de Martín Wolf quien afirma que, aún cuando los preparativos de la cumbre van por buen camino, difícilmente podrán estar a la altura de las expectativas que se han generado. Así, es de esperarse que los líderes de las principales economías industrializadas y emergentes logren avances importantes en los temas centrales de la cumbre pero, como dice Wolf, sus conclusiones no podrán aportar soluciones que se reflejen de inmediato sobre la economía mundial.

La crisis financiera se ha gestado a lo largo de varios años y no hay cumbre que pueda responder a la urgencia del momento (the fierce urgency of now). En cambio, y como todos sabemos lo sucedido el año pasado en Estados Unidos y en el resto del mundo tiene mucho que ver con lo que Jacques Attali ha llamado “la crisis de confianza”, por lo que las reuniones del G20 además de atender la compleja agenda de la crisis, contribuyen a generar la confianza de que la acción concertada de los líderes permitirá eventualmente regular los mercados financieros y reactivar el crecimiento de la economía globalizada que, como ha dicho el Presidente Sarkozy de Francia, es la prioridad número uno.

Por su parte, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) urgió al G-20 a adoptar “acciones rápidas y determinantes” para reactivar el crecimiento mundial tras advertir que los 30 países que la integran se contraerán un 4.3% en promedio este año. El secretario general de la OCDE, Ángel Gurría, pidió a los líderes mundiales evitar que la crisis financiera se transforme en una grave crisis social y humana.

La nueva estimación de crecimiento de la OCDE revisa fuertemente a la baja el pronóstico anterior, de noviembre pasado, que preveía este año una contracción económica de sólo 0.4% del Producto Interno Bruto (PIB) de la zona OCDE. En el 2010, el crecimiento económico será cercano a “cero”, según la OCDE.  Más en Economic Outlook forecasts sharp rise in unemployment as recession takes hold across OECD.

No cabe duda que las declaraciones realizadas por la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, durante su reciente visita a México, reconociendo la corresponsabilidad estadounidense frente a la violencia y estragos causados por las organizaciones criminales que se dedican al tráfico de drogas entre ambos países, constituye un giro de 180 grados en el estilo y las formas de la diplomacia norteamericana. Esta y otras señales igualmente positivas desde Washington presagian una nueva era de colaboración bilateral reforzada frente al narcotráfico. En este contexto, vale la pena leer la transcripción de la entrevista que el Presidente Obama realizó en el programa televisivo Face the Nation, así como el artículo firmado por el Senador John Kerry en Los Ángeles Times: Mexico’s war must be our war. Todo ello forma parte de un nuevo y saludable estilo de hacer diplomacia por parte del nuevo gobierno norteamericano y cuyos efectos se observan en todas las latitudes, sea en Teherán, Beijing, Moscú o Bruselas. Un giro que, en Francia, Jean Daniel, el prestigiado periodista e intelectual que dirige el Nouvel Observateur, ha llamado “la fin de la arrogance”.