« Metternich ment toujours mais ne trompe personne ». Tayllerand
Cómo me hubiera gustado, cuando inicié la carrera de relaciones internacionales en la
Zorgbibe, profesor de derecho público en la Sorbona y autor de numerosas obras sobre cuestiones internacionales e historia europea, nos presenta un Metternich vencedor de Napoleón; genial negociador diplomático y uno de los artífices de la construcción del concierto europeo, sin ocultar otras facetas controvertidas de su personalidad que lo describen como un gran seductor, aristócrata arrogante, manipulador y mentiroso.
Clemente Metternich nace en 1773 en la ciudad alemana de Coblenza. El diplomático austriaco era en realidad un aristócrata alemán de la región de Renania-Palatinado, que inició sus estudios de diplomacia a los quince años en Estrasburgo, donde coincide con Benjamin Constant, el conde Andrés Razoumovski y el General Tolstoy. Es precisamente en Estrasburgo donde Metternich se topa por primera vez con las turbulencias de la Revolución Francesa. De ahí nace una ideología reaccionaria y contrarrevolucionaria que habrá de acompañarlo toda su vida. Instalado en Viena, donde su familia se refugia en 1794, logra un matrimonio de conveniencia con Eléonore von Kaunitz, nieta del poderoso canciller austriaco -el conde von Kaunitz-, lo que de manera natural le abre las puertas de la corte imperial. A la muerte de su suegro, logra su primera misión diplomática en Dresden (capital del Reino de Sajonia) y en 1803, es nombrado embajador en Berlín (capital del Reino de Prusia). Entre 1806 y 1809 es embajador en París, donde se revela su gran capacidad diplomática en los más altos círculos políticos, así como su poder de seducción al volverse amante tanto de la Duquesa de Abrantes, esposa del General Junot como de Carolina, Reina de Nápoles, esposa del Mariscal Murat y nada menos que hermana de Napoleón, entre otras. Se trata de un verdadero retrato político de la época, junto con la descripción fascinante de una vida diplomática que desapareció en las cenizas de la historia. El libro de Zorgbibe nos pasea por las intrigas de la corte napoleónica y describe los denodados esfuerzos de Metternich por encontrar un modus vivendi con el conquistador que humilló y doblegó en tres ocasiones sucesivas al imperio austriaco.
Así, Metternich busca pragmáticamente acomodarse a la realidad política de la época y aboga por la colaboración con Napoleón, lo que le valió las críticas de muchos de sus conciudadanos. Se vuelve un experto sobre la personalidad de Napoleón, lo que hace las delicias del lector cuando se recorren las páginas dedicadas a la compleja relación entre el monarca y el diplomático. Metternich pone en práctica una diplomacia marcada de intriga y engaño, que fructifica en el matrimonio de Napoleón con la princesa María Luisa de Austria.
Es a partir de la derrota napoleónica en Rusia, cuando Metternich inicia el cambio de chaqueta. Como es bien sabido, Austria se mantuvo al margen de la invasión francesa de Rusia, mientras Metternich –que ya era el canciller austriaco - negociaba también en secreto con el Zar Alejandro I, buscando el momento más oportuno para que el Imperio Austriaco recobrara la iniciativa frente a la amenaza que representaban para sus intereses las ambiciones de Francia, Prusia y Rusia. De hecho, Metternich logra que Austria permanezca al margen de la coalición antifrancesa de 1813, pretendiendo actuar como mediador entre los dos bandos y ofreciendo un compromiso que dejara a la emperatriz María Luisa como regente de Francia.
En 1814, tras la abdicación napoleónica, las potencias vencedoras deciden reunirse en Viena para organizar el nuevo orden europeo, en un congreso que sesionará de noviembre de 1814 a junio de 1815. Metternich fue el actor central del Congreso de Viena, y la sección que el libro de Zorgbibe dedicada al tema es una obra magistral. Por cierto, cuando empecé mis estudios, la consulta obligada era (y sigue siendo) el libro de Kissinger: A World Restored: Metternich, Castlereagh and the Problems of Peace, 1812-22. El profesor Zorgbibe, por su parte y en diversos momentos cita a Kissinger para situar las cosas en contexto y apoyar su análisis sobre las discusiones del Congreso. Otro libro que puede resultar interesante sobre los entretelones de las negociaciones y el ambiente del Congreso, es el publicado por Harold Nicolson en 1946: The Congress of Vienna: A Study of Allied Unity: 1812-1822.
A través del relato de Zorgbibe observamos la habilidad negociadora del príncipe de Metternich que coloca a Austria -una potencia tres veces derrotada y humillada por Napoleón– como el eje del nuevo orden dinástico europeo, logrando además, nuevas adquisiciones territoriales y afirmarse como el mediador entre las potencias vencedoras. Metternich logra también armar el fino tejido que desemboca en la Santa Alianza de los vencedores de Napoleón.
Me hubiera gustado, sin embargo, que nuestro autor profundizara más en el papel de Tayllerand en el Congreso de Viena y en el registro de sus conversaciones con Metternich. No cabe duda que el ingenio, perseverancia y habilidad diplomática de Tayllerand, fueron factores decisivos para que Francia conservara su integridad territorial conservando al menos las fronteras previas a 1789.
En suma, con el Congreso de Viena nace un nuevo estilo de negociación internacional: la diplomacia de cumbres y congresos que, si bien no carece de antecedentes en otros momentos históricos, se afirma a partir de entonces como el gran referente de las relaciones internacionales.













