México no es, no ha sido ni será jamás un Estado fallido. Quienes lo afirman, simplemente no saben de lo que están hablando. Esta absurda pretensión surge de un análisis equívoco del Departamento de Defensa de Estados Unidos, específicamente del llamado USJFCOM –siglas en inglés del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas – que emitió el 4 de diciembre de 2008 un informe intitulado “Joint Operating Environment”. Este documento pretende informar acerca de los retos y escenarios conflictivos que eventualmente el ejército estadounidense podría enfrentar, así como llamar la atención sobre sus posibles implicaciones bélicas. Según la introducción suscrita por el General del cuerpo de “marines”, James Mattis, el propósito del informe no es predecir, sino sugerir modos de ver el futuro.
Así, el informe del Departamento de Defensa en una sección sobre “Estados Fallidos” incluye también comentarios sobre la situación México y en Pakistán. El documento llama la atención sobre el desafío que el crimen organizado representa para el Estado mexicano y afirma que, en caso de que la respuesta de los políticos y el sistema de administración de justicia sea insuficiente, existe el riesgo de que el caos se instale en la frontera sur de Estados Unidos. Como es bien sabido, no es la primera vez que voces alarmistas en nuestro vecino se permiten emitir juicios apresurados sobre México que, por decir lo menos, reflejan evidentes prejuicios y falta de información. En todo caso, el informe se ubica en el terreno de las hipótesis y de la especulación. Aunque no califica abiertamente a México como un Estado fallido, el daño mediático está hecho al afirmar que ello pudiera ocurrir en el futuro próximo.
En junio de 2008, comentamos en este blog acerca de la clasificación de “Estados Fallidos” propuesta por la revista Foreign Policy. La lista de Estados incluidos en el cuadro corresponde plenamente a la definición ofrecida por el Boletín Terminológico de la Plataforma Internet del Parlamento Europeo, desde un punto de vista jurídico, se entiende por failed state aquel país que, si bien «conserva su capacidad jurídica, en términos prácticos ha perdido su habilidad para ejercerla». En el aspecto político, en el failed state se produce «el colapso interno [...] el desmoronamiento total o casi total de las estructuras que garantizan la ley y el orden».
Como puede apreciarse, esta definición de ninguna manera puede aplicarse a un país como México, con sólidas instituciones políticas, jurídicas y sociales. Un país líder en su región con una vida democrática plena y funcional, profundamente comprometido con la vigencia del derecho internacional y un actor fundamental en la escena global. En este contexto, recomiendo la lectura de la entrevista otorgada al corresponsal del diario El País en México por parte de la Embajadora Patricia Espinosa, Secretaria de Relaciones Exteriores, bajo el título: México no es un Estado fallido.
En dicha entrevista, la Canciller Espinosa puntualiza:
“La violencia no es generalizada. No quiero minimizar el problema. Somos los primeros preocupados. Pero hablar de un Estado fallido es hablar de una violencia generalizada y de una falta de control del territorio. Y ese no es el caso de México. Es verdad que hay ciertas plazas donde la violencia se ha exacerbado. Hemos detenido a los capos, debilitado sus organizaciones, y los sicarios que estaban a sus órdenes están intentando adquirir el control. No hay que olvidar un dato muy importante. De cada 10 asesinatos, nueve son de personas vinculadas con las bandas del narcotráfico. No es la población civil la que está muriendo”.
El corresponsal del periódico comenta además, que sobre la mesa de la Secretaria hay una serie de gráficos para apoyar su tesis de que -salvo en algunos Estados donde las calles siguen siendo campo de batalla-, el gobierno mexicano está ganando el envite. Patricia Espinosa pone el énfasis sobre las incautaciones: de droga -más de 4.000 toneladas-, de armas -más de 30.000-, de cartuchos suficientes para abastecer a un ejército durante meses, de más de 13.000 vehículos y 338 avionetas. De dinero, de muchos dólares en billetes grandes… “Y las armas que incautamos no son sólo revólveres. Son armas de calibre 50, armas que perforan autos blindados, incluyendo lanzamisiles, armas capaces de derribar helicópteros…”.
¿De dónde vienen esas armas? “Lo hablamos con Obama. El presidente Calderón fue muy claro al decirle: a EE UU le interesa tener una frontera segura; a nosotros también. Tenemos entonces un reto importante en fortalecer nuestra capacidad conjunta de supervisar la frontera. No sólo para detener lo ilegal que va y viene, sino para facilitar el tránsito de lo legal. Pero no hay que olvidar que, a lo largo de los 3.000 kilómetros de frontera, en el lado estadounidense hay más de mil tiendas de armas, además de las ferias de armas que se organizan con mucha frecuencia. Y nosotros en ese sentido hemos insistido en que se cumpla la ley estadounidense que prohíbe la exportación de armas a países en los cuales esas armas están prohibidas”.


