No cabe duda que las declaraciones realizadas por la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, durante su reciente visita a México, reconociendo la corresponsabilidad estadounidense frente a la violencia y estragos causados por las organizaciones criminales que se dedican al tráfico de drogas entre ambos países, constituye un giro de 180 grados en el estilo y las formas de la diplomacia norteamericana. Esta y otras señales igualmente positivas desde Washington presagian una nueva era de colaboración bilateral reforzada frente al narcotráfico. En este contexto, vale la pena leer la transcripción de la entrevista que el Presidente Obama realizó en el programa televisivo Face the Nation, así como el artículo firmado por el Senador John Kerry en Los Ángeles Times: Mexico’s war must be our war. Todo ello forma parte de un nuevo y saludable estilo de hacer diplomacia por parte del nuevo gobierno norteamericano y cuyos efectos se observan en todas las latitudes, sea en Teherán, Beijing, Moscú o Bruselas. Un giro que, en Francia, Jean Daniel, el prestigiado periodista e intelectual que dirige el Nouvel Observateur, ha llamado “la fin de la arrogance”.

