Como dijera Jesús Reyes Heroles (1921-1985) “en política, la forma es fondo”. Ello viene a cuento por lo sucedido en la V Cumbre de las Américas, cuyos trabajos concluyeron el domingo pasado en Trinidad y Tobago sin lograr un acuerdo unánime sobre la declaración final, pero que fue adoptada por consenso para preservar el clima positivo del encuentro. Este dato no empaña el valor de la cumbre en cuanto a posible punto de arranque para una nueva relación hemisférica, una relación “en la que no hay socios pequeños y socios grandes, sino socios en igualdad de condiciones”, tal como dijo el Presidente Obama durante su discurso pronunciado en la sesión inaugural. En un tono radicalmente distinto a los pronunciamientos de otros tiempos, el mandatario estadounidense reconoció que las promesas de cooperación formuladas por su país en el pasado no fueron concretadas y que Estados Unidos solía tratar de imponer los términos de la relación continental.

Así, conforme al refrescante nuevo estilo de la diplomacia norteamericana (ver “el fin de la arrogancia”), Obama puntualizó: “tenemos muchas diferencias respecto a muchos temas, pero en la medida en que podamos ser respetuosos de las reglas democráticas, podemos encontrar lo que tenemos en común”. Se cierra así una cumbre que algunos medios calificaron como parca en resultados específicos y “repleta de apretones de manos y buenas intenciones”. Aún desde ese punto de vista, cabe admitir que ello es un logro importante, sobre todo si se recuerda el enfrentamiento con el que concluyó hace cuatro años la Cumbre de Mar del Plata. En todo caso, se cierra un capítulo de las relaciones entre América Latina y Estados Unidos marcado por la desconfianza de unos y la indiferencia de otros, como sucedió durante los últimos ocho años.

Falta ver si las buenas intenciones se concretan pero no puede negarse que el cambio de estilo en la diplomacia norteamericana ha sido bienvenido y saludado por todos los actores políticos de la región, independientemente de sus posiciones ideológicas. Como dice acertadamente el reportero del diario El País: “como ocurrió tras su gira europea, Obama pisa un terreno peligroso, una política exterior blanda con la que corre el riesgo de ser criticado en su país por poner en peligro los intereses nacionales, una política que, sin embargo, él defendió como la más adecuada en estos momentos para resucitar el liderazgo estadounidense”. Así, Obama sembró una semilla de reconciliación que fue bien recibida por todos y que augura una nueva era de diálogo en nuestro continente. Un gesto que nos recuerda la importancia de las buenas maneras tanto en diplomacia como en política, es decir que la forma es fondo.

 

La riqueza de los fondos mexicanos que se conservan en la Biblioteca Nacional de Francia (BNF) y la posibilidad de explorarlos hoy con una mirada diferente, es motivo de una notable exposición que se presenta en el Instituto Cultural de México en Francia.

La exposición “Mexiques poétiques, réels et surréels. Français et francophiles au lendemain de la Révolution mexicaine” fue concebida en el marco del Salón del Libro de París 2009. La BNF quiso sumarse a la presencia de México en esa importante feria acogiendo una conferencia magistral de Carlos Fuentes y poniendo a disposición algunas joyas bibliográficas y documentales de su acervo para integrar una exposición. He aquí el resultado. Como antecedente histórico de la muestra, el curador Alfonso Alfaro ha evocado la amplia exposición de libros mexicanos que Alfonso Reyes organizó en 1955 en La Sorbona, para la que la BNF prestó un centenar de volúmenes.

“Mexiques poétiques, réels et surréels” se conforma con documentos de gran valor que dan fe de las relaciones artísticas, literarias e intelectuales que se tendieron entre México y Francia después de la Revolución mexicana y a lo largo de la primera mitad del siglo XX. Las piezas selectas son tanto bibliográficas como visuales. Sorprende al visitante encontrarse con una rara carpeta de apuntes de Gerardo Murillo, el Dr. Atl, y con estampas nunca antes exhibidas de Jean Charlot, uno de los padres del muralismo mexicano, así como con fotografías etnográficas de Manuel Álvarez Bravo, o con la edición de Piedra de sol de Octavio Paz. Un cuadro imponente de Ángel Zárraga señala el aporte de este pintor y poeta que exploró conceptualmente los vínculos de México con Francia mediante una iconografía simbólica. En el juego de las correspondencias, la muestra compone un acorde extraordinario entre el viaje del poeta y dramaturgo Antonin Artaud a la Sierra Tarahumara y una inusitada colección de fotos a la misión jesuita establecida en esa región.

Con profunda tristeza supe de la muerte del Dr. Raúl Alfonsín, a quien tuve el honor de conocer y tratar hace ya varios años. La Argentina entera está de luto por la pérdida de este gran hombre, incansable luchador por la democracia y buen amigo de México. Recuerdo haberlo visitado alguna vez en su departamento de Buenos Aires donde recibía con gran modestia y sencillez. Me impresionó su clara inteligencia y profunda vocación latinoamericana. Como dijo acertadamente Joaquín Morales Solá en su columna de La Nación: “Era, ahora lo sabemos, un político querido o respetado, que no despertaba rechazos entre los dirigentes ni en la gente común. Cuesta comparar la conmoción social y el dolor popular que provocó en las últimas horas la muerte de Raúl Alfonsín con aquel presidente de 1989 que debió entregar el gobierno cinco meses antes de la conclusión de su mandato, en medio de una grave crisis económica. ¿Es consecuencia sólo de su carisma? Lo tenía, y en un grado importante, pero también es cierto que él expresaba valores que la sociedad está extrañando…”

Frente al escepticismo de gran parte del mundo, la Cumbre de Londres ha logrado enviar un mensaje de esperanza y unidad frente a la crisis económica globalizada. Las 20 economías más importantes del planeta lograron un acuerdo histórico que permitirá destinar más de un billón de dólares para enfrentar la aguda crisis internacional y anunciaron importantes reformas al sistema financiero global. El documento íntegro de la Cumbre del G-20 puede consultarse en el sitio del diario El País: “Plan Global para la recuperación y la reforma”.

Los líderes del G-20 se comprometieron a hacer lo que sea necesario para: restablecer la confianza, el crecimiento y el empleo; reparar el sistema financiero para restaurar el crédito; reforzar la regulación financiera para reconstruir la confianza; financiar y reformar las instituciones financieras internacionales para superar esta crisis y evitar crisis futuras; fomentar el comercio y la inversión globales y rechazar el proteccionismo para apuntalar la prosperidad; y construir una recuperación inclusiva, ecológica y sostenible.

Con tal propósito, los acuerdos constituyen un programa adicional de 1,1 billones de dólares de apoyo para restaurar el crédito, el crecimiento y el empleo en la economía mundial. Las medidas son las siguientes: triplicar los recursos a disposición del FMI hasta los 750.000 millones de dólares; apoyar una nueva partida de Derechos Especiales de Giro (DEG) de 250.000 millones de dólares y al menos 100.000 millones de dólares en préstamos adicionales por parte de los bancos multilaterales de desarrollo (BMD); garantizar 250.000 millones de dólares de apoyo para la financiación del comercio; y utilizar los recursos adicionales de las ventas de oro acordadas por el FMI para la financiación concesional de los países más pobres.

Como señaló el Secretario de Hacienda de México, Agustín Carstens en un artículo publicado hoy en El Universal: “La crisis actual impone desafíos inéditos y requiere respuestas oportunas, contundentes y coordinadas. Para México, la cumbre de Londres planteó la oportunidad de acordar una agenda ambiciosa e integral que muestre claros compromisos de los gobiernos para restablecer la confianza y generar un cambio radical en las expectativas”.

Como todos recordamos, el Siglo XX terminó de una forma abrupta y esperanzadora con la caída del muro de Berlín y el derrumbe del campo socialista. No obstante, el fin de la Guerra Fría no trajo consigo una nueva era de paz, cooperación y desarrollo compartido en el mundo. Por el contrario, la continuación de la política del poder en las relaciones internacionales y la acentuación de algunos conflictos regionales, como fue el caso del Medio Oriente, se tradujeron bien pronto en nuevas y complejas circunstancias que pusieron en jaque a toda la humanidad. Así, el nuevo milenio nació bajo el impacto de los ataques terroristas del 9 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas de Nueva York. En los últimos meses, la agudización de la crisis financiera internacional se extendió como pólvora en todo el mundo, mostrando las debilidades del proceso de globalización y poniendo en evidencia los excesos del capitalismo financiero de Wall Street.

La respuesta de la Cumbre de Londres frente a la crisis muestra la importancia de afirmar la responsabilidad regulatoria del Estado frente a los procesos económicos. El mercado es un instrumento necesario pero insuficiente para regular la actividad económica. Más aún, en el contexto de los procesos económicos globalizados el papel regulador del Estado constituye la única garantía capaz de evitar que los excesos y errores cometidos por los especuladores financieros se repitan.

En este contexto recomiendo la lectura del artículo de Thierry de Montbrial, publicado en el New York Times, en vísperas de la Cumbre: A World in Need of a New Order.

 

A propósito de la cumbre del G-20 en Londres, vale la pena visitar el blog del Financial Times con información actualizada y de última hora sobre esta reunión que Le Figaro calificó hoy de histórica, y que ha generado una enorme ansiedad y expectativa en todo el mundo. Por cierto, en el sitio mencionado se encuentra un interesante artículo de Martín Wolf quien afirma que, aún cuando los preparativos de la cumbre van por buen camino, difícilmente podrán estar a la altura de las expectativas que se han generado. Así, es de esperarse que los líderes de las principales economías industrializadas y emergentes logren avances importantes en los temas centrales de la cumbre pero, como dice Wolf, sus conclusiones no podrán aportar soluciones que se reflejen de inmediato sobre la economía mundial.

La crisis financiera se ha gestado a lo largo de varios años y no hay cumbre que pueda responder a la urgencia del momento (the fierce urgency of now). En cambio, y como todos sabemos lo sucedido el año pasado en Estados Unidos y en el resto del mundo tiene mucho que ver con lo que Jacques Attali ha llamado “la crisis de confianza”, por lo que las reuniones del G20 además de atender la compleja agenda de la crisis, contribuyen a generar la confianza de que la acción concertada de los líderes permitirá eventualmente regular los mercados financieros y reactivar el crecimiento de la economía globalizada que, como ha dicho el Presidente Sarkozy de Francia, es la prioridad número uno.

Por su parte, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) urgió al G-20 a adoptar “acciones rápidas y determinantes” para reactivar el crecimiento mundial tras advertir que los 30 países que la integran se contraerán un 4.3% en promedio este año. El secretario general de la OCDE, Ángel Gurría, pidió a los líderes mundiales evitar que la crisis financiera se transforme en una grave crisis social y humana.

La nueva estimación de crecimiento de la OCDE revisa fuertemente a la baja el pronóstico anterior, de noviembre pasado, que preveía este año una contracción económica de sólo 0.4% del Producto Interno Bruto (PIB) de la zona OCDE. En el 2010, el crecimiento económico será cercano a “cero”, según la OCDE.  Más en Economic Outlook forecasts sharp rise in unemployment as recession takes hold across OECD.