Las desafortunadas e injustificables acciones de discriminación que algunos de nuestros compatriotas han tenido que padecer con motivo de la gripe A-H1N1, como sucedió recientemente en Hong Kong y Singapur, contrastan con los gestos solidarios y las muestras de apoyo que los mexicanos hemos recibido en otras latitudes. Como es bien sabido, la reacción de un pueblo frente a las epidemias o desastres naturales está condicionada por factores culturales e históricos, así como por el nivel de desarrollo económico y social alcanzado en su propio país. Entre los individuos, estas reacciones dependen además de factores emocionales donde se entrelazan el miedo y el instinto de supervivencia.

A lo largo de la historia encontramos numerosos ejemplos de los estragos que han causado epidemias como la peste negra o la gripa española,  y también de la clase de reacciones que estos fenómenos han suscitado. Ahora, en la era de la globalización, las noticias llegan a todos los confines de la tierra en cuestión de minutos y consecuentemente el miedo al contagio se difunde como pólvora por todas partes. En este contexto, cabe preguntarse si a raíz del vertiginoso desarrollo tecnológico y científico de los últimos años la humanidad está hoy mejor preparada frente a estos desafíos. No cabe duda que desde el punto de vista científico hemos progresado años luz y que la medicina moderna tiene ahora poderosos recursos para enfrentar las epidemias, mismos que hace pocos años eran inimaginables. En cambio, sospecho que las reacciones de individuos y pueblos frente a estas calamidades no son tan diferentes como en otras épocas.

Con el fin de proseguir estas reflexiones, he vuelto a leer un libro extraordinario y ciertamente revelador: “La Peste”, escrito por Albert Camus en 1947. Como podrán recordar los lectores, la historia comienza en la apacible ciudad de Orán, cuando Argelia era todavía colonia francesa. De pronto la peste irrumpe en Orán rompiendo gradualmente la tranquilidad de sus ciudadanos, quienes no le dan al principio mayor importancia pero que con el paso de los meses cobra fuerza y deja centenares de personas muertas. Con el tiempo se produce una suerte de resignación a la desgracia y durante meses, la ciudad de Orán vivió doblegada a la peste. Un día y de manera súbita la peste comenzó a disminuir, pero esta no se va del todo, incluso parece que juega con la vida de habitantes de la ciudad, ya que reaparece y desaparece de improviso. Finalmente las autoridades deciden abrir las puertas de la ciudad al exterior y, poco a poco, vuelve la vida de la población a recuperar su ritmo apacible.

Por medio de “la Peste” Camús hace una profunda crítica de su tiempo y representa a través de la epidemia un hecho social, en el cual las personas se ven sometidas a eventos trágicos y devastadores, que los hacen reflexionar frente a su porvenir, sobre lo cotidiano y el destino de sus existencias. En esta novela escrita en la posguerra por uno de los principales exponentes del llamado existencialismo, Camús nos recuerda que  “es importante tener en cuenta, que la alegría está siempre amenazada, porque aún cuando la muchedumbre estuviera dichosa, ignoraba que la peste no muere ni desaparece jamás y que puede permanecer dormida durante siglos en nuestros pensamientos, para luego volver a azotar con su fuerza a la humanidad”.

Los mexicanos que, por diversas circunstancias, nos encontramos ahora en el extranjero, debemos sentirnos muy orgullosos por la manera tan responsable, solidaria y ejemplar con la que han reaccionado nuestros compatriotas en México frente a la emergencia desatada por la gripa A-H1N1. Las medidas extraordinarias que se han tomado en nuestro país para contener la epidemia no tienen precedente en el mundo. Estas medidas hablan de la seriedad con la que nuestro país ha confrontado el desafío y muestra una voluntad inquebrantable por parte del pueblo mexicano para superar la emergencia. La Embajada de México en Francia ha puesto a la disposición del público una amplia información sobre el brote de influenza registrado y que puede consultarse en nuestra página de internet bajo el rubro Alerta: brote de influenza, tanto en español como en francés. En este sitio, podrán encontrar además vínculos útiles hacia los sitios de las instituciones mexicanas competentes en la materia. 

Por otro lado, y ante el uso y abuso de la expresión “gripe mexicana” en los medios franceses, nuestra misión diplomática emitió el pasado 30 de abril un comunicado de prensa rechazando de manera contundente el uso de la denominación “gripa mexicana” cuando se hace referencia al virus H1N1 que provoca la enfermedad conocida como gripe porcina, estos dos términos utilizados por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Afortunadamente hemos notado una reacción positiva de los medios franceses frente a la protesta de nuestra embajada y, en su mayoría, ya han dejado de usar esta expresión discriminatoria e injustificada. Desde entonces observamos que empiezan a llamar la gripe por su nombre correcto (A-H1N1) es decir el adoptado oficialmente por la Organización Mundial de la Salud, precisamente el viernes 1 de mayo. 

Por otro lado, un amigo me ha compartido el vínculo del Center for Disease Control and Prevention (CDC) de Estados Unidos que es de consulta obligada para médicos especialistas en este tema. Este amigo me ha hecho notar que el Morbidity and Mortality Weekly Report (MMWR) de dicha institución recuenta la sucesión de los primeros casos en el Sur de Estados Unidos durante marzo y principios de abril. Igualmente se afirma que la primera comunicación científica, aparecida el 21 de abril, en ese país se reportan dos casos, de San Diego y Texas, a finales de marzo, y se determina que se trata de un virus de origen porcino que contiene secuencias de cepas americanas y europeas. Para quienes deseen profundizar en esto pueden consultar la publicación semanal del CDC. Por último, en el New York Times podemos consultar un mapa interactivo que reporta los nuevos casos reportados (sospechosos y confirmados) en todo el mundo, mismo que se actualiza varias veces al día.