La ruptura entre la vieja y nueva diplomacia en la era de la globalización es, entre otros factores, consecuencia de la reducción de la distancia real entre los países tanto en el espacio como en el tiempo. Los avances de la tecnología de la información y la revolución de las comunicaciones han vuelto vecinos a todos los pueblos de la tierra. La difusión instantánea de noticias a través de los medios internacionales puede tener efectos políticos de alcance transcontinental o impactar los mercados globales en cuestión de minutos. La consecuente aceleración de los tiempos políticos impone a los hombres de Estado respuestas inmediatas frente a fenómenos políticos complejos, con el riesgo de caer en improvisaciones u equívocos.

Un buen ejemplo de la evolución del fenómeno arriba descrito, puede encontrarse al final de la Guerra Fría, cuando en 1961, el Presidente Kennedy esperó varios días antes de reaccionar frente a la construcción del Muro de Berlín. En cambio, el Presidente Bush (padre) tuvo que pronunciarse en unas cuantas horas sobre el desmantelamiento del mismo muro en 1989. Así, en la noche del 12 al 13 de agosto de 1961, y sin previo aviso, elementos del ejército comunista de la República Democrática Alemana, construyeron el muro y sellaron los accesos a Berlín Oeste. La reacción de los aliados fue lenta: pasaron 72 horas para que los aliados protestaran diplomáticamente ante Moscú. Fue hasta el 19 de agosto, cuando el Presidente Kennedy envió a Berlín al Vicepresidente Jonson y giró instrucciones para la movilización de 4,224 oficiales y soldados del ejército norteamericano para reforzar la seguridad de Berlín Occidental. 28 años más tarde, el derrumbe del muro ocurrió en la noche del jueves 9 al viernes 10 de noviembre de 1989. El episodio fue televisado en vivo y en directo a todo el mundo. Las reacciones internacionales se produjeron en unas cuantas horas.

En años recientes, los ataques terroristas del 9 de septiembre de 2001 en Nueva York, las guerras en Afganistán e Irak,  las tensiones en Palestina y Medio Oriente, la invasión rusa de Georgia, los desafíos y aprestos bélicos de Corea Norte, así como las presiones ejercidas sobre Irán para que desista de sus proyectos nucleares, han sido transmitidas en tiempo real, en vivo y en directo, a cientos de millones de personas en todo el orbe.

En la era de las comunicaciones instantáneas la agenda diplomática es dictada por la velocidad de los acontecimientos. Hoy en día las acciones y reacciones diplomáticas suelen estar condicionadas por la evolución de los sucesos que, con gran frecuencia, alteran estrategias preconcebidas de política exterior y ejercen gran influencia sobre el comportamiento internacional de los Estados.

Como ha dicho McLuhan (1987) los medios de comunicación de masas han transformado la vida de los hombres y su relación con el entorno, construyendo “un lenguaje social específico, que hace cambiar nuestras percepciones sobre la sociedad y nuestras relaciones con los demás”.


La aceleración del tiempo de respuesta y la necesidad de posicionarse   de manera inmediatas frente a sucesos internacionales, distorsiona el proceso de toma de decisiones e interfiere con la práctica normal de la diplomacia. La diplomacia tradicional estaba normalmente enfocada hacia audiencias claramente definidas y sus mensajes podían ser adecuados con gran facilidad a las circunstancias del momento. Hoy en día, la televisión suele imponer sus tiempos y exige respuestas inmediatas por parte de los actores políticos. Dado que la opinión pública juega un papel determinante en la configuración de consensos de política exterior y en la proyección internacional de un país, los hombres de Estado y los diplomáticos deben estar muy conscientes del potencial que el uso y abuso de los medios puede representar para sus proyectos. 

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