En la última edición de Foreign Affairs (septiembre-octubre 2009) Josef Joffe, editor de la revista alemana Die Zeit, ha publicado un interesante ensayo que cuestiona el pretendido declive del poderío estadounidense en el mundo, bajo el título: The Default Power. The False Prophecy of America’s Decline.  Según Joffe, desde que Estados Unidos se volvió una superpotencia mundial, de manera recurrente surgen voces que pronostican su declive, cuestión que nuevamente se ha puesto de moda en el contexto de la crisis financiera global. El autor señala que en el mundo de hoy, el poder económico y militar norteamericano es de tal magnitud que la supremacía de ese país está asegurada por largo tiempo. 

Conforme a datos actuales, el autor recuerda que el valor de la economía norteamericana es 14.3 trillones de dólares (14 miles de miles de millones). Esto quiere decir que la economía norteamericana es tres veces mayor que la de la segunda economía mundial (Japón) y ligeramente superior a los 16 países de la llamada eurozona que, en su conjunto, representan $13.5 trillones. El único rival serio podría estar representado por la Unión Europea con un producto de $18 trillones - si sumamos el PIB de todos sus miembros – aunque, como dice el autor, lograr una acción estratégica concertada de los 27 países es todo un rompecabezas. Estados Unidos también supera a las principales potencias en términos de ingreso per cápita: con $47,000 por habitante. En suma y, a pesar del impacto de la crisis económica global, la brecha entre Estados Unidos y las demás potencias sigue siendo inmensa.

En el ámbito militar la brecha es aún mayor. En realidad es gigantesca. Estados Unidos juega en una liga aparte del resto del mundo. En 2008, los gastos militares de la superpotencia alcanzaron los $607 billones (miles de millones), es decir casi la mitad del total de gastos militares de todo el planeta. Los siguientes 9 Estados en gastos militares sumaron entre todos $476 billones, mientras que los eventuales competidores de Estados Unidos por la supremacía global (China, India, Japón y Rusia) dedicaron en conjunto $219 billones. El presupuesto militar China que, de acuerdo con algunas predicciones podría llegar a ser la próxima potencia global, es siete veces menor al de Estados Unidos.

Por mi parte, sugiero leer el libro de Fareed Zakaria, The Post American World, mismo que ya recomendé en este blog y que ve las cosas desde otro ángulo. En realidad, la novedad política de hoy no es que Estados Unidos sea más o menos poderoso, sino el hecho incontestable que hay nuevos actores que han arribado a la escena global. Más allá de que Estados Unidos sigue -y seguirá siendo por mucho tiempo- el país más poderoso de la tierra, el ascenso de China y otros países, así como la creciente influencia de organizaciones y actores no gubernamentales, están haciendo sentir su presencia en la escena mundial. No cabe duda que ello y otros factores han limitado la influencia de la superpotencia. Por ello reafirmo lo dicho en mi blog en agosto pasado, “comprender el contexto en que nuestros países habrán de moverse en los próximos años será, no cabe duda, condición de supervivencia”.

El Informe Stiglitz

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En febrero de 2008, el gobierno de Francia pidió al profesor Joseph E. Stiglitz, Premio Nobel de Economía encabezar una comisión para buscar una metodología más adecuada de medición del desarrollo económico y el progreso social. Esta iniciativa busca responder a las inquietudes y dudas que ha generado el actual sistema internacional de medición del desarrollo basado en el producto interno bruto (PIB).

En consecuencia, la Comisión se orientó sus trabajos en los siguientes objetivos: (a) determinar los límites del PIB como indicador del desarrollo económico y del progreso social; (b) examinar los problemas relativos a su medición; (c) identificar la información complementaria que pudiera ser necesaria para llegar a indicadores de progreso social más pertinentes; (d) evaluar la factibilidad de nuevos instrumentos de medida, y (e) debatir la presentación apropiada de informaciones estadísticas.

El informe de la Comisión para la Medición del Desarrollo Económico y el Progreso Social fue presentado en París el 14 de septiembre y su texto puede consultarse en línea:  Report of the commission on the measurement of economic performance et social progress.

 Las principales recomendaciones  del informe – presentadas por el profesor Stiglitz -  buscan reorientar los parámetros de medición del bienestar actuales, que en su gran mayoría se encuentran en indicadores cuantitativos (ingresos, producción, consumo de bienes tangibles, etc.), y que no siempre toman en cuenta la sustentabilidad del bienestar económico.

En términos muy generales, cabe agregar que el informe propone considerar como parámetros a los satisfactores de tipo social como son los servicios públicos y privados. Es decir, tratar de determinar en qué medida los servicios financieros o de telecomunicaciones, la seguridad social, los servicios de educación, o los servicios a las comunidades, podrían ser considerados como parámetros de bienestar y por lo tanto como unidades de medida dentro del desarrollo económico y progreso social. El informe contiene en específico doce recomendaciones que reflejan la reorientación de los parámetros de la producción hacia los parámetros del bienestar. Más en www.stiglitz-sen-fitoussi.fr

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Fin de época en Japón

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No cabe duda que la victoria de la oposición japonesa en las elecciones legislativas constituye un parteaguas en la historia política nipona. Para algunos, como dice Lluis Bassets del periódico El País, en su estupendo blog De Alfiler a Elefante se trata del fin de una época en Japón:

“Cincuenta años de hegemonía del mismo partido tocan a su fin. Habrá cambios profundos en la política exterior japonesa. La victoria de Hatoyama puede ser el equivalente de la unificación alemana…  Es un elemento más en la nueva organización multipolar del planeta… Japón será a partir de ahora más asiático y menos ‘occidental’. Tiene toda su lógica, aunque comportará nuevas exigencias para todos”.

Tuve el privilegio de trabajar en Japón desde 2001 hasta principios del 2004. Fue una experiencia personal fascinante y, desde el punto de vista profesional, muy interesante. Durante el tiempo de mi gestión diplomática, la prioridad fue la negociación de un tratado de libre comercio que finalmente abrió el paso a nuevas inversiones japonesas en mi país y consolidó los lazos comerciales de México con la segunda economía del mundo. En aquellos años, mi esposa Luisa inició un sitio Web con enlaces sobre asuntos internacionales, mismo que mantiene hasta la fecha: Internet for Diplomats. La sección sobre Japón contiene vínculos útiles sobre distintos aspectos de la vida política, económica y cultural de aquel país. Por último, vale la pena leer el artículo que el próximo Primer Ministro, Yukio Hatoyama, publicó recientemente en el New York Times y que anticipa la filosofía política de su gobierno: A New Path for Japan.