Acabo de recibir la siguiente nota de mi hermano Antonio sobre el hiperlibro de Jacques Atali (El sentido de las cosas), comentado recientemente en este blog:
Me muero de ganas de leer el hiper libro de Atali. (No entendí tu empeño en querer traducir la conjunción hiper- que es en griego lo que en latín super – y en español como en francés significa grande en exceso) Si Atali encuentra que es propio del ser humano buscar una explicación a todo, ha descubierto América. Si mal no recuerdo fue Liebniz el que enunció el principio de la razón suficiente, según el cual debe haber una para que cualquier cosa exista o cualquier evento se produzca. Como de ese principio se sigue que las cosas son como son, no podrían ser de otro modo y todo está bien como está, Voltaire afirmó que en la obra de Leibniz no hay nada útil que sea original ni nada original que sea útil, y mató al principio de la razón suficiente a carcajadas, inmortalizando al profesor Pangloss que sentenciaba que todo está bien en el mejor de los mundos posibles mientras a Candide le sucedían mil y una desventuras. Pero tiene razón Atalí en que es humano buscar explicaciones, y el fantasma del principio de la razón suficiente aún reconforta a muchos en la creencia de que la vida tiene sentido, la naturaleza no da saltos, las deidades existen. De Voltaire a Sartre hay un hilo que lleva a la nausea del absurdo, de la libertad, del convencimiento de que los accidentes ocurren y de que probablemente debemos la existencia a una única casualidad. Muy bien, pero ¿no es esa corriente otra búsqueda de explicación, de la razón suficiente?

