El destacado político francés, Hubert Vedrine, quien fuera consejero del Presidente Mitterrand y Ministro de Relaciones Exteriores (1997-2002), durante el gobierno del Primer Ministro Lionel Jospin, ha publicado un interesante libro que reúne artículos, conferencias y ensayos realizados por el autor entre 2003 y 2009: El tiempo de las quimeras
La obra está estructurada en torno a nueve temas: Estados Unidos, Europa, el Multilateralismo, Francia y la globalización, Rusia, China, el Mundo Árabe Musulmán, el África Francófona y el Cambio Climático. Vedrine, una de las mentes más lucidas de Francia, conserva en su relato la perspectiva del actor experimentado de la política mundial. Independientemente de la opinión que pueda tenerse sobre las propuestas políticas del autor, no cabe duda que la obra ofrece una visión inteligente y bien informada sobre la actualidad internacional, desde una óptica muy francesa y europea.
Uno de los ejes centrales de la obra gira en torno al desafío que representa para Europa y Estados Unidos la necesidad de buscar un nuevo equilibrio con el resto del mundo y, especialmente, con los países emergentes. Es decir lo que Vedrine llama “el fin del monopolio occidental sobre la historia”, situación que ha venido haciéndose patente desde el fin del siglo pasado.
En el prefacio de la obra - magistral diagrama de la actual coyuntura internacional- Vedrine desmenuza el significado histórico de los profundos cambios de las últimas dos décadas y concluye que es preciso revisar la “ilusión óptica” con la que Occidente ha asimilado estos fenómenos. Al final de la guerra fría, apunta Vedrine, se creyó que triunfaban los valores liberales (libertad, democracia, paz, derechos humanos, cooperación y apertura económica), y que estos serían el sustento de un mundo multipolar, más justo, equitativo y estable. Pero ese mundo ideal, surgido de lo que Fukuyama llamó prematuramente el fin de la historia, derivó en una amplia redistribución del mapa geopolítico global y que bien puede desembocar en una gran lucha por el poder o, al menos, en una competencia multipolar de impredecibles consecuencias.
En lugar del triunfo de lo que Vedrine llama el “proselitismo occidental”, asistimos a un cuestionamiento del poderío de Occidente y que se refleja de dos maneras: de un lado, la emergencia de potencias autónomas no occidentales y, del otro, el distanciamiento de los dos polos fundamentales del mundo occidental: Europa y Estados Unidos. Nada de esto era imprevisible – nos recuerda el autor - pero los últimos años hemos observado una brutal toma de conciencia de este deslizamiento de las placas continentales. La gran paradoja apuntada por Vedrin es que las “ilusiones ópticas” de la postguerra fría continúan influyendo la política internacional norteamericana y europea, cuyas proyecciones se revelan cada día más alejadas de la realidad del tiempo presente y, por tanto, se corre el riesgo de concebir políticas erróneas y peligrosas que no toman en cuenta el contexto del “tiempo de las quimeras”.

