Frente al escepticismo de gran parte del mundo, la Cumbre de Londres ha logrado enviar un mensaje de esperanza y unidad frente a la crisis económica globalizada. Las 20 economías más importantes del planeta lograron un acuerdo histórico que permitirá destinar más de un billón de dólares para enfrentar la aguda crisis internacional y anunciaron importantes reformas al sistema financiero global. El documento íntegro de la Cumbre del G-20 puede consultarse en el sitio del diario El País: “Plan Global para la recuperación y la reforma”.

Los líderes del G-20 se comprometieron a hacer lo que sea necesario para: restablecer la confianza, el crecimiento y el empleo; reparar el sistema financiero para restaurar el crédito; reforzar la regulación financiera para reconstruir la confianza; financiar y reformar las instituciones financieras internacionales para superar esta crisis y evitar crisis futuras; fomentar el comercio y la inversión globales y rechazar el proteccionismo para apuntalar la prosperidad; y construir una recuperación inclusiva, ecológica y sostenible.

Con tal propósito, los acuerdos constituyen un programa adicional de 1,1 billones de dólares de apoyo para restaurar el crédito, el crecimiento y el empleo en la economía mundial. Las medidas son las siguientes: triplicar los recursos a disposición del FMI hasta los 750.000 millones de dólares; apoyar una nueva partida de Derechos Especiales de Giro (DEG) de 250.000 millones de dólares y al menos 100.000 millones de dólares en préstamos adicionales por parte de los bancos multilaterales de desarrollo (BMD); garantizar 250.000 millones de dólares de apoyo para la financiación del comercio; y utilizar los recursos adicionales de las ventas de oro acordadas por el FMI para la financiación concesional de los países más pobres.

Como señaló el Secretario de Hacienda de México, Agustín Carstens en un artículo publicado hoy en El Universal: “La crisis actual impone desafíos inéditos y requiere respuestas oportunas, contundentes y coordinadas. Para México, la cumbre de Londres planteó la oportunidad de acordar una agenda ambiciosa e integral que muestre claros compromisos de los gobiernos para restablecer la confianza y generar un cambio radical en las expectativas”.

Como todos recordamos, el Siglo XX terminó de una forma abrupta y esperanzadora con la caída del muro de Berlín y el derrumbe del campo socialista. No obstante, el fin de la Guerra Fría no trajo consigo una nueva era de paz, cooperación y desarrollo compartido en el mundo. Por el contrario, la continuación de la política del poder en las relaciones internacionales y la acentuación de algunos conflictos regionales, como fue el caso del Medio Oriente, se tradujeron bien pronto en nuevas y complejas circunstancias que pusieron en jaque a toda la humanidad. Así, el nuevo milenio nació bajo el impacto de los ataques terroristas del 9 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas de Nueva York. En los últimos meses, la agudización de la crisis financiera internacional se extendió como pólvora en todo el mundo, mostrando las debilidades del proceso de globalización y poniendo en evidencia los excesos del capitalismo financiero de Wall Street.

La respuesta de la Cumbre de Londres frente a la crisis muestra la importancia de afirmar la responsabilidad regulatoria del Estado frente a los procesos económicos. El mercado es un instrumento necesario pero insuficiente para regular la actividad económica. Más aún, en el contexto de los procesos económicos globalizados el papel regulador del Estado constituye la única garantía capaz de evitar que los excesos y errores cometidos por los especuladores financieros se repitan.

En este contexto recomiendo la lectura del artículo de Thierry de Montbrial, publicado en el New York Times, en vísperas de la Cumbre: A World in Need of a New Order.

 

A propósito de la cumbre del G-20 en Londres, vale la pena visitar el blog del Financial Times con información actualizada y de última hora sobre esta reunión que Le Figaro calificó hoy de histórica, y que ha generado una enorme ansiedad y expectativa en todo el mundo. Por cierto, en el sitio mencionado se encuentra un interesante artículo de Martín Wolf quien afirma que, aún cuando los preparativos de la cumbre van por buen camino, difícilmente podrán estar a la altura de las expectativas que se han generado. Así, es de esperarse que los líderes de las principales economías industrializadas y emergentes logren avances importantes en los temas centrales de la cumbre pero, como dice Wolf, sus conclusiones no podrán aportar soluciones que se reflejen de inmediato sobre la economía mundial.

La crisis financiera se ha gestado a lo largo de varios años y no hay cumbre que pueda responder a la urgencia del momento (the fierce urgency of now). En cambio, y como todos sabemos lo sucedido el año pasado en Estados Unidos y en el resto del mundo tiene mucho que ver con lo que Jacques Attali ha llamado “la crisis de confianza”, por lo que las reuniones del G20 además de atender la compleja agenda de la crisis, contribuyen a generar la confianza de que la acción concertada de los líderes permitirá eventualmente regular los mercados financieros y reactivar el crecimiento de la economía globalizada que, como ha dicho el Presidente Sarkozy de Francia, es la prioridad número uno.

Por su parte, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) urgió al G-20 a adoptar “acciones rápidas y determinantes” para reactivar el crecimiento mundial tras advertir que los 30 países que la integran se contraerán un 4.3% en promedio este año. El secretario general de la OCDE, Ángel Gurría, pidió a los líderes mundiales evitar que la crisis financiera se transforme en una grave crisis social y humana.

La nueva estimación de crecimiento de la OCDE revisa fuertemente a la baja el pronóstico anterior, de noviembre pasado, que preveía este año una contracción económica de sólo 0.4% del Producto Interno Bruto (PIB) de la zona OCDE. En el 2010, el crecimiento económico será cercano a “cero”, según la OCDE.  Más en Economic Outlook forecasts sharp rise in unemployment as recession takes hold across OECD.

Con la agudeza e inteligencia que lo caracteriza, Jaques Atali, en su blog personal se refiere al tema de las compañías de seguros y los riesgos que entraña su fragilidad en el contexto de la crisis económica globalizada. Atalí nos recuerda que para  asegurar que efectivamente podrán cubrir los daños que pretenden garantizar, las compañías disponen de reservas que deben respetar un conjunto de reglas que permite verificar que las aseguradoras tendrán los medios, cuando llegue el momento, de hacer frente a los riesgos que cubren. De ahí, las aseguradoras en los países desarrollados publican semestralmente  un “margen de solvencia”, es decir la proporción entre el total de sus compromisos en seguro de vida más las provisiones dotadas para hacer frente a sus compromisos en seguros de daños y sus fondos propios.

En este orden de ideas, agrega Atali que con la crisis, ciertas inversiones consideradas como muy seguras, como las obligaciones de instituciones bancarias, se han visto desvalorizadas por el riesgo de nacionalización de los bancos por un valor irrisorio. De ahí, “los ratios de solvencia de las aseguradoras se han vuelto muy frágiles. Y como no se ha regulado el sector de los seguros a nivel mundial, la asociación of Insurance Supervisors (“IAIS”) que agrupa a los reguladores de seguros, no publica siquiera estadísticas. Solo podemos hacer valoraciones aproximadas: parece que las compañías de seguros tienen 25 billones USD (25.000.000.000.000) de compromisos (aproximadamente 80% para el seguro de vida y lo demás para el seguro de daños), contra únicamente 1 a 1,5 billones USD de fondos propios”. Es obvio que ello es preocupante y que lo sucedido con AIG puede replicarse en otras latitudes: más en L’heure de vérité.