
En un reciente artículo publicado en el International Herald Tribune (A recipe for survival), Mohamed El Baradei, el Director General de la Agencia Internacional de Energía Atómica, hace notar que tras dos décadas perdidas desde el fin de la Guerra Fría la cuestión del desarme nuclear ha vuelto a colarse entre las prioridades de la agenda internacional. No cabe duda que la disposición anunciada por el Presidente Barak Obama de trabajar para alcanzar un mundo libre de armas nucleares (lo que de hecho constituye un compromiso legal adquirido ya por medio del Tratado de No Proliferación Nuclear) y negociar con Rusia –como un primer paso– nuevas reducciones de sus respectivos arsenales nucleares, significa una señal alentadora para todos. En esta perspectiva, se nos recuerda que entre ambos países se acumula el 95% del armamento nuclear del mundo.
Entre las razones que apunta El Baradei para este cambio de ánimo en favor de negociaciones sobre desarme nuclear, se encuentra una preocupación real: el riesgo creciente de que las armas nucleares puedan eventualmente ser usadas sea por algún grupo terrorista o en el marco de un conflicto regional, como por ejemplo en el Medio Oriente. Hoy en día hay 27,000 cabezas nucleares en el mundo y, con el avance de la tecnología de los últimos años, los Estados que han perfeccionado los métodos de enriquecimiento de uranio pueden hacerse de una bomba en unos cuantos meses.
Por si hiciera falta una razón adicional para ponernos los pelos de punta, basta con ver el riesgo que se corrió con la colisión de dos submarinos nucleares en medio del océano hace unos pocos días. Resulta sorprendente que dos submarinos, el Vanguard británico y Le Triomphant francés, de propulsión nuclear y dotados con misiles de cabeza atómica, pudieran colisionar el pasado día 4 en el Atlántico, según reporta El País. A pesar de tratarse de submarinos muy sofisticados con tecnología de punta sucede este improbable choque que afortunadamente no pasó mayores ya que, según se reportó, los aparatos iban a baja velocidad. Según la nota periodística “Las consecuencias habrían podido ser catastróficas si estos dos colosos (de 14.000 y 16.000 toneladas) hubieran colisionado a la velocidad a la que habitualmente navegan en tránsito: más de 15 nudos (27,7 kilómetros por hora). En suma, hay demasiadas armas nucleares y, además de los riesgos políticos, existe la eventualidad de accidentes que pueden llegar a comprometer en un momento dado la vida millones de personas.