« Metternich ment toujours mais ne trompe personne ». Tayllerand

Cómo me hubiera gustado, cuando inicié la carrera de relaciones internacionales en la UNAM, haber tenido en mis manos esta formidable biografía de Metternich, el famoso canciller austriaco que jugó un papel de primera línea en la construcción del orden europeo del siglo XIX.  Metternich, el diplomático seductor, escrito por el profesor Charles Zorgbibe, acaba de aparecer en las librerías parisinas publicado por Hachette Littératures. El título de la obra puede confundir al lector, haciéndole pensar que se trata de una biografía novelada de la vida amorosa de Metternich, cuando en realidad se trata de un estudio serio y bien documentado sobre la trayectoria de uno de los actores centrales de la diplomacia de su tiempo, que sin menosprecio, incluye también algunos aspectos su vida privada. Es posible que el subtítulo fuera ideado por el editor para darle un valor comercial y no reducir sus lectores a los iniciados en el campo de los estudios internacionales.

 Zorgbibe, profesor de derecho público en la Sorbona y autor de numerosas obras sobre cuestiones internacionales e historia europea, nos presenta un Metternich vencedor de Napoleón; genial negociador diplomático y uno de los artífices de la construcción del concierto europeo, sin ocultar otras facetas controvertidas de su personalidad que lo describen como un gran seductor, aristócrata arrogante, manipulador y mentiroso.

Clemente Metternich nace en 1773 en la ciudad alemana de Coblenza. El diplomático austriaco era en realidad un aristócrata alemán de la región de Renania-Palatinado, que inició sus estudios de diplomacia a los quince años en Estrasburgo, donde coincide con Benjamin Constant, el conde Andrés  Razoumovski y el General Tolstoy. Es precisamente en Estrasburgo donde Metternich se topa por primera vez con las turbulencias de la Revolución Francesa. De ahí nace una ideología reaccionaria y contrarrevolucionaria que habrá de acompañarlo toda su vida. Instalado en Viena, donde su familia se refugia en 1794, logra un matrimonio de conveniencia con Eléonore von Kaunitz, nieta del poderoso canciller austriaco -el conde  von Kaunitz-, lo que de manera natural le abre las puertas de la corte imperial. A la muerte de su suegro, logra su primera misión diplomática en Dresden (capital del Reino de Sajonia) y en 1803, es nombrado embajador en Berlín (capital del Reino de Prusia). Entre 1806 y 1809 es embajador en París, donde se revela su gran capacidad diplomática en los más altos círculos políticos, así como su poder de seducción al volverse amante tanto de la Duquesa de Abrantes, esposa del General Junot como de Carolina, Reina de Nápoles, esposa del Mariscal Murat y nada menos que hermana de Napoleón, entre otras. Se trata de un verdadero retrato político de la época, junto con la descripción fascinante de una vida diplomática que desapareció en las cenizas de la historia. El libro de Zorgbibe nos pasea por las intrigas de la corte napoleónica y describe los denodados esfuerzos de Metternich por encontrar un modus vivendi con el conquistador que humilló y doblegó en tres ocasiones sucesivas al imperio austriaco.

Así, Metternich busca pragmáticamente acomodarse a la realidad política de la época y aboga por la colaboración con Napoleón, lo que le valió las críticas de muchos de sus conciudadanos. Se vuelve un experto sobre la personalidad de Napoleón, lo que hace las delicias del lector cuando se recorren las páginas dedicadas a la compleja relación entre el monarca y el diplomático. Metternich pone en práctica una diplomacia marcada de intriga y engaño, que fructifica en el matrimonio de Napoleón con la princesa María Luisa de Austria.

Es a partir de la derrota napoleónica en Rusia, cuando Metternich inicia el cambio de chaqueta. Como es bien sabido, Austria se mantuvo al margen de la invasión francesa de Rusia, mientras Metternich –que ya era el canciller austriaco - negociaba también en secreto con el Zar Alejandro I, buscando el momento más oportuno para que el Imperio Austriaco recobrara la iniciativa frente a la amenaza que representaban para sus intereses las ambiciones de Francia, Prusia y Rusia. De hecho, Metternich logra que Austria permanezca al margen de la coalición antifrancesa de 1813, pretendiendo actuar como mediador entre los dos bandos y ofreciendo un compromiso que dejara a la emperatriz María Luisa como regente de Francia.

En 1814, tras la abdicación napoleónica, las potencias vencedoras deciden reunirse en Viena para organizar el nuevo orden europeo, en un congreso que sesionará de noviembre de 1814 a junio de 1815. Metternich fue el actor central del Congreso de Viena, y la sección que el libro de Zorgbibe dedicada al tema es una obra magistral. Por cierto, cuando empecé mis estudios, la consulta obligada era (y sigue siendo) el libro de Kissinger: A World Restored: Metternich, Castlereagh and the Problems of Peace, 1812-22. El profesor Zorgbibe, por su parte y en diversos momentos cita a Kissinger para situar las cosas en contexto y apoyar su análisis sobre las discusiones del Congreso. Otro libro que puede resultar interesante sobre los entretelones de las negociaciones y el ambiente del Congreso, es el publicado por Harold Nicolson en 1946: The Congress of Vienna: A Study of Allied Unity: 1812-1822.

A través del relato de Zorgbibe observamos la habilidad negociadora del príncipe de Metternich que coloca a Austria -una potencia tres veces derrotada y humillada por Napoleón– como el eje del nuevo orden dinástico europeo, logrando además, nuevas adquisiciones territoriales y afirmarse como el mediador entre las potencias vencedoras. Metternich logra también armar el fino tejido que desemboca en la Santa Alianza de los vencedores de Napoleón.

Me hubiera gustado, sin embargo, que nuestro autor profundizara más en el papel de Tayllerand en el Congreso de Viena y en el registro de sus conversaciones con Metternich. No cabe duda que el ingenio, perseverancia y habilidad diplomática de Tayllerand, fueron factores decisivos para que Francia conservara su integridad territorial conservando al menos las fronteras previas a 1789.

En suma, con el Congreso de Viena nace un nuevo estilo de negociación internacional: la diplomacia de cumbres y congresos que, si bien no carece de antecedentes en otros momentos históricos, se afirma a partir de entonces como el gran referente de las relaciones internacionales.

Más en Metternich, el diplomático seductor

Acabo de recibir la siguiente nota de mi hermano Antonio sobre el hiperlibro de  Jacques Atali (El sentido de las cosas), comentado recientemente en este blog:

 Me muero de ganas de leer el hiper libro de Atali. (No entendí tu empeño en querer traducir la conjunción hiper- que es en griego lo que en latín super – y en español como en francés significa grande en exceso) Si Atali encuentra que es propio del ser humano buscar una explicación a todo, ha descubierto América. Si mal no recuerdo fue Liebniz el que enunció el principio de la razón suficiente, según el cual debe haber una para que cualquier cosa exista o cualquier evento se produzca.  Como de ese principio se sigue que las cosas son como son, no podrían ser de otro modo y todo está bien como está, Voltaire afirmó que en la obra de Leibniz no hay nada útil que sea original ni nada original que sea útil, y mató al principio de la razón suficiente a carcajadas, inmortalizando al profesor Pangloss que sentenciaba que todo está bien en el mejor de los mundos posibles mientras a Candide le sucedían mil y una desventuras. Pero tiene razón Atalí en que es humano buscar explicaciones, y el fantasma del principio de la razón suficiente aún reconforta a muchos en la creencia de que la vida tiene sentido, la naturaleza no da saltos, las deidades existen. De Voltaire a Sartre hay un hilo que lleva a la nausea del absurdo, de la libertad, del convencimiento de que los accidentes ocurren y de que probablemente debemos la existencia a una única casualidad. Muy bien, pero ¿no es esa corriente otra búsqueda de explicación, de la razón suficiente?

El economista francés Daniel Cohen acaba de publicar un libro interesante y provocador: « La Prospérité du Vice: une introduction (inquiète) à l’économie ». (Albin Michel, París 2009).

Este trabajo es un viaje ágil y ameno por la historia económica del mundo. Un viaje que muestra como la economía ha modulado el comportamiento social a través del tiempo. Un viaje que nos lleva del Imperio romano a Hollywood, de la recesión de 1929 a la crisis económica generalizada de nuestros días, de la Alemania del Kaiser a la China contemporánea.  Un viaje inquietante, marcado por una pregunta que se hace el autor: ¿cómo es posible que el mismo Occidente que logró arrancar a Europa del reino de la hambruna y de la miseria, haya logrado desembocar en el suicidio colectivo de las dos guerras mundiales? 

Según Cohen, lo que sucedió ayer en Europa se repite hoy en día a escala mundial. Millones de campesinos en China, India y otros países abandonan los campos y emigran a las ciudades: la sociedad industrial remplaza a la sociedad rural. Ahora, nuevas potencias emergen: ayer fueron Alemania y Japón, hoy son la India y China. Las rivalidades se exacerban, sobre todo para controlar las materias primas, y las crisis financieras se suceden unas a otras. Contrariamente a lo que piensan los convencidos del “choque de las civilizaciones”, el principal riesgo del siglo XXI es – según el autor –que, en lugar de encaminarnos a la confrontación de las culturas o de las religiones, nos exponemos a repetir ahora, y a nivel planetario, la misma historia que ha tenido Occidente.

El autor advierte que mientras la crisis financiera ha evidenciado de manera brutal e intempestiva la avaricia de Wall Street, la economía globalizada transita hacia a un mundo de incertidumbre impulsada por falsa prosperidad del vicio, es decir por los excesos e insuficiencias del capitalismo moderno. De esta manera, las consecuencias de la crisis financiera mundial van mucho más allá de la necesidad de promover la regulación de los mercados. Para Cohen, la adicción malsana del hombre al crecimiento económico constante e innovador –mismo que ha generado la prosperidad del vicio - abren signos de interrogación sobre la viabilidad de continuar satisfaciendo este apetito insaciable. 

Hoy, en el marco de la globalización se plantean peligros inéditos en la historia de la humanidad. Cohen usa el siguiente ejemplo a modo de ilustración: “… si mil millones de chinos tuvieran mil millones de bicicletas, ello no engendraría ningún problema en el mundo.  En cambio, si mil millones de chinos tuvieran mil millones de automóviles, el futuro mismo del planeta estaría en riesgo”.

Así, Cohen se pregunta si el mundo podrá evitar el nuevo suicidio colectivo que predicen el cambio climático y los daños causados al medio ambiente. Estas son, entonces, algunas de las graves interrogantes que se plantean al comienzo de siglo XXI. Para Cohen, si se quiere comprender al mundo multipolar que se avecina, es preciso echar una mirada a la historia europea y evitar que sus errores sean repetidos por los nuevos actores en el escenario internacional.

Por último, en esta nueva era marcada por la revolución de las comunicaciones, los procesos de  globalización y la economía de la información, cabe preguntarse si la humanidad será capaz responder y de administrar adecuadamente la crisis ecológica, y transformar los modos de consumo occidental de tal modo que sean compatibles con su uso generalizado en todo el mundo.  Así, Cohen nos recuerda que, por primera vez en la historia humana, tenemos a la vista los límites precisos de la vida en nuestro planeta solitario. Ahora no podemos darnos el lujo de tratar de corregir las cosas después de cada error.  Por primera vez tenemos certeza del destino común de toda la humanidad y habrá que actuar en consecuencia.

El economista e intelectual francés, Jacques Attali, acaba de producir un interesante e innovador libro que reúne sus conversaciones en Culture France con grandes personalidades en torno a temas de actualidad y prospectiva. Se trata – según Attali – del primer “hyperlivre” que se publica en Francia, es decir un libro que incorpora tecnología digital e interactiva como complemento a la lectura de los textos que contiene la obra.

La palabra “hyperlivre” me resulta imposible de traducir de manera literal a nuestro idioma. En español, la expresión hiperlibro nos refiere a la existencia de  libros antiguos, raros, agotados,  descatalogados y hasta de ocasión. Otra posibilidad de traducción sería la palabra superlibro que más bien se usa para nombrar historietas coleccionables para niños. Por tanto, me conformaré con usar la expresión libro digital.

Una vez resuelto el dilema de la traducción, y antes de comentar con más detalle la innovación digital que envuelve al libro, conviene escudriñar el contenido de la obra. Con la colaboración de la periodista Stephanie Bonvicini, el autor reunió colaboraciones de una treintena de personalidades del mundo intelectual y político francófono. Entre los más conocidos cabe mencionar a Claude Allègre, Boutros Boutros-Ghali,  Max Gallo, Marcel Gauchet,  Michel Rocard, Philippe Sollers, Jean-Claude Trichet y  Simone Veil, quienes nos ofrecen su visión de los grandes temas de nuestra época, en sus aspectos sociales, culturales, económicos, políticos y geoestratégicos.

Según Attali, es propio de la condición humana no aceptar jamás que un acontecimiento, un fenómeno natural o una muerte permanezcan sin explicación. En consecuencia, el hombre ha imaginado cosmogonías, teologías, mitologías y toda suerte de teorías que buscan dar una explicación o un sentido al destino del mundo, con el fin de comprender mejor las cosas. De ahí,  “El sentido de las cosas” busca descifrar algunas de las tendencias que están marcando los cambios y rupturas de nuestra época.  

Los escritores reunidos en la obra son expertos en sus respectivas materias y  de una manera ágil e inteligente abordan temas como: El porvenir de la religión;  La probable evolución de las relaciones familiares y sentimentales; El impacto de las nuevas tecnologías sobre la difusión de la música; La violencia en el mundo;  El futuro de la democracia;  Los nuevos contextos de la seguridad internacional; y El cambio climático.

En próximas entradas a este blog comentaremos algunos de los temas tratados en la obra que reseñamos. Basta por ahora decir que se trata de una vista panorámica del pensamiento de algunas de las mentes más lúcidas del mundo francófono sobre la cambiante realidad de nuestro tiempo. Como todas las empresas que acomete Attali, “El sentido de las cosas” es de gran interés para todos aquellos que tenemos una viva curiosidad por los temas de prospectiva.

Ahora bien, según la definición del editor, el “Hyperlivre” es un servicio digital, donde la obra impresa se complementa con el uso de nuevas tecnologías que permiten al lector complementar los textos con sonidos, videos, actualizaciones y métodos interactivos utilizando sea un celular, la computadora personal o el Internet.

Al final de cada capítulo o sección del libro digital aparece un enigmático código gráfico (flashcode) que puede ser leído por un teléfono celular (siempre y cuando cuente con el software apropiado y una cámara fotográfica) y que permite obtener por vía SMS una variedad de respuestas tales como sonidos, fotografías videos o textos adicionales. El libro digital se complementa con lo que los editores llaman hipercontenidos (me doy, renuncio a traducir la expresión francesa hypercontenus”). Otra vía para obtener los hipercontenidos o entablar comunicación con los autores es a través del Internet mediante una visita al sitio: www.hyperlivre-lesensdeschoses.com

En suma, y más allá del hecho que el prestigio de los autores despierta un indudable interés por la obra, “El sentido de las cosas”  anticipa de algún modo la evolución futura del libro impreso, así como un mundo de posibilidades que los asombrosos avances tecnológicos abren a los lectores del Siglo XXI.

Al final de los noventas, el Foreign Office (FO) inició un importante proceso de reformas que desembocó en amplia revolución institucional y en la modernización del “modus operandi”  de la diplomacia británica, cuyos fundamentos estaban atados a tradiciones diseñadas cuando menos doscientos atrás. Desde el momento en que Robin Cook fue nombrado al frente de la diplomacia británica en 1997, las estructuras del FO se conmovieron bajo el impacto de una nueva política exterior -el “New Labour” de Tony Blair. El nuevo ministro dio cuerda a los “jóvenes turcos” (es decir los funcionarios de nueva generación que buscaban un cambio en el rígido sistema de promociones y asignación de responsabilidades dentro del FO) e impulsó su participación activa en las discusiones y grupos de trabajo creados con este propósito. Este ejercido incluyó profundas reformas a los procesos de selección y reclutamiento de personal, la formación de cuadros, los programas de actualización de conocimientos, las modalidades de promoción, la asignación de puestos y adscripción del personal tanto en el ministerio como en el exterior. Todo el sistema de comunicaciones y documentación fue objeto de una profunda transformación para incorporar los últimos avances de la tecnología de la información. La búsqueda de una mayor transparencia en la formulación de la política exterior, las relaciones y formas de comunicación vertical y horizontal entre funcionarios del ministerio, así como los aspectos de coordinación y enlace con otras dependencias, legisladores y actores políticos y sociales, fueron capítulos de la mayor importancia en este ejercicio.

El relato fascinante de este proceso es abordado por John Dickie en su libro: The New Mandarins: How British Foreign Policy Works, publicado en 2004 y que hasta ahora llegó a mis manos. El autor tuvo acceso a los participantes de este proceso y obtuvo información privilegiada sobre el funcionamiento de la cancillería británica. Cualquier estudioso de temas internacionales interesado en conocer cómo funciona el FO tendrá - por primera vez – la posibilidad de conocer las entrañas mismas de la diplomacia británica. Ameno y bien escrito, The New Mandarins no tiene desperdicio. Desde la descripción de los complicados mecanismos de ingreso y promociones hasta los detalles del proceso de toma de decisiones o las características  de la diplomacia pública, el libro de Dickie ofrece amplia e interesante información hasta ahora reservada para los corredores del FO.

Lo más interesante del libro es el recuento de cómo se llevó a cabo esta revolución dentro del FO, una de las instituciones más conservadoras de la política británica. Fue una revolución que duró cerca de cinco años y cuyo desenlace fue observado en el resto del mundo, ya que este proceso se volvió un referente obligado para los procesos de reformas en otros ministerios de relaciones exteriores, muchos de los cuales han tenido que ajustar sus estructuras para responder a los cambios de la sociedad internacional. Como es bien sabido, la multiplicación de actores internos y externos de la política exterior, así como el desarrollo espectacular de las comunicaciones y los avances en la llamada tecnología de la información han favorecido la proliferación de contactos directos entre dependencias de gobierno de todo el mundo, pasando por encima de los “conductos diplomáticos” y de la coordinación institucional a cargo de los ministerios de relaciones exteriores. En este contexto, las reformas han sido para muchos ministerios condición de supervivencia.

John Dickie nos  cuenta cómo el controvertido Ministro Cook impulsó a los jóvenes turcos –bajo el liderazgo de su asesor y “speechwriter”  Martin Gould – para que promovieran y redactaran su propia agenda `para el cambio. En apenas seis meses se crearon 100 grupos de contacto con la participación de 1,000 diplomáticos, quienes produjeron un informe con propuestas específicas para el cambio: Foresight 2010. Hasta la fecha este documento no se ha publicado. Estas ideas y propuestas para el cambio fueron abordadas por grupos de trabajo encabezadas por los subsecretarios de carrera de mayor jeraquía, con lo que se evitó una confrontación entre los jóvenes reformistas y los llamados “mandarines”, es decir  funcionarios de alto nivel que ocupaban los puestos de mayor responsabilidad en el ministerio y el servicio exterior.  

En próximas entregas comentaremos algunas de las reformas específicas emprendidas por el FO y que puedan ser de interés general para otras cancillerías. Mientras tanto, los invitamos a leer este interesante libro.

 

Las desafortunadas e injustificables acciones de discriminación que algunos de nuestros compatriotas han tenido que padecer con motivo de la gripe A-H1N1, como sucedió recientemente en Hong Kong y Singapur, contrastan con los gestos solidarios y las muestras de apoyo que los mexicanos hemos recibido en otras latitudes. Como es bien sabido, la reacción de un pueblo frente a las epidemias o desastres naturales está condicionada por factores culturales e históricos, así como por el nivel de desarrollo económico y social alcanzado en su propio país. Entre los individuos, estas reacciones dependen además de factores emocionales donde se entrelazan el miedo y el instinto de supervivencia.

A lo largo de la historia encontramos numerosos ejemplos de los estragos que han causado epidemias como la peste negra o la gripa española,  y también de la clase de reacciones que estos fenómenos han suscitado. Ahora, en la era de la globalización, las noticias llegan a todos los confines de la tierra en cuestión de minutos y consecuentemente el miedo al contagio se difunde como pólvora por todas partes. En este contexto, cabe preguntarse si a raíz del vertiginoso desarrollo tecnológico y científico de los últimos años la humanidad está hoy mejor preparada frente a estos desafíos. No cabe duda que desde el punto de vista científico hemos progresado años luz y que la medicina moderna tiene ahora poderosos recursos para enfrentar las epidemias, mismos que hace pocos años eran inimaginables. En cambio, sospecho que las reacciones de individuos y pueblos frente a estas calamidades no son tan diferentes como en otras épocas.

Con el fin de proseguir estas reflexiones, he vuelto a leer un libro extraordinario y ciertamente revelador: “La Peste”, escrito por Albert Camus en 1947. Como podrán recordar los lectores, la historia comienza en la apacible ciudad de Orán, cuando Argelia era todavía colonia francesa. De pronto la peste irrumpe en Orán rompiendo gradualmente la tranquilidad de sus ciudadanos, quienes no le dan al principio mayor importancia pero que con el paso de los meses cobra fuerza y deja centenares de personas muertas. Con el tiempo se produce una suerte de resignación a la desgracia y durante meses, la ciudad de Orán vivió doblegada a la peste. Un día y de manera súbita la peste comenzó a disminuir, pero esta no se va del todo, incluso parece que juega con la vida de habitantes de la ciudad, ya que reaparece y desaparece de improviso. Finalmente las autoridades deciden abrir las puertas de la ciudad al exterior y, poco a poco, vuelve la vida de la población a recuperar su ritmo apacible.

Por medio de “la Peste” Camús hace una profunda crítica de su tiempo y representa a través de la epidemia un hecho social, en el cual las personas se ven sometidas a eventos trágicos y devastadores, que los hacen reflexionar frente a su porvenir, sobre lo cotidiano y el destino de sus existencias. En esta novela escrita en la posguerra por uno de los principales exponentes del llamado existencialismo, Camús nos recuerda que  “es importante tener en cuenta, que la alegría está siempre amenazada, porque aún cuando la muchedumbre estuviera dichosa, ignoraba que la peste no muere ni desaparece jamás y que puede permanecer dormida durante siglos en nuestros pensamientos, para luego volver a azotar con su fuerza a la humanidad”.

Ayer se inauguró la 28ª edición de la Feria del Libro de París en el Parque de Exposiciones de la Puerta de Versalles de París. Esta vez, como ya lo hemos comentado en este blog, México es el invitado de honor en esta cita literaria. La Delegación mexicana estuvo encabezada por el señor Joaquín Diéz-Canedo, Director General del Fondo de Cultura Económica; e integrada además por el Director de Publicaciones del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Fernando Fernández; el arquitecto mexicano creador del excelente Pabellón de México, el maestro  Bernardo Gómez Pimienta, así como escritores mexicanos y personalidades francesas. Entre las autoridades francesas cabe mencionar a la señora Nathalie Kosciusko-Morizet, Secretaria de Estado para la Prospectiva y el Desarrollo de la economía numérica; el señor Serge Eyrolles, Presidente del Sindicato Nacional de la Edición (SNE) y el señor  Benoît Yvert, Director del Libro y Presidente del Centro Nacional del Libro (CNL).

La presencia de México como invitado de honor en el Salón del Libro ha sido objeto de una muy amplia cobertura mediática a través de reportajes en radio y televisión, artículos periodísticos y números especiales  de suplementos culturales, en los que destacan los aspectos  positivos y los elogios a nuestra literatura. Asimismo, se ha puesto en marcha una campaña publicitaria a lo largo de la red de transportes públicos y en diarios y revistas. Prácticamente en cada esquina de la ciudad hay carteles sobre el Salón del Libro destacando que México es el invitado de honor. En todas las librerías de París durante esta semana la mesa de novedades está llena de libros de autores mexicanos. Además del suplemento de Le Monde dedicado a la literatura de México (450,000 ejemplares), en los principales medios y sus sitios web hay secciones dedicadas a los escritores mexicanos y sobre la cultura de nuestro país.

Nuestro país está representado en el Salón del Libro, bajo  el título de “México mosaico de diversidades”, y cuenta con un pabellón de gran colorido y  magnifica funcionalidad, que  refleja  la vitalidad y diversidad de la  cultura mexicana.

Con un área de mil  metros cuadrados - en una nave del Parque de Exposiciones de una superficie total de 50,000 m²- el pabellón está dividido en tres zonas: la primera ocupada por la librería Gibert Joseph con una selección de más de 7 mil títulos de literatura mexicana y sobre México, publicados en francés y español. En la segunda parte, 73 editoriales mexicanas exhiben  en bloque tres mil 183 títulos de sus catálogos, ejemplares que no están a la venta y que se exhiben en una su mayoría en una enorme pirámide de un diseño espectacular constituida por una gama completísima de la literatura mexicana. El Fondo de Cultura Económica (FCE), institución que inicia  su programa de celebraciones por sus 75 años en este Salón,  dispone de cien metros cuadrados para exhibir mil títulos de su catálogo (300 son de literatura infantil y juvenil). El último tercio del pabellón alberga un mezzanine donde los profesionales de la edición podrán realizar negociaciones de compra y venta de derechos, además de un auditorio con capacidad para 80 personas, destinado a conferencias, mesas redondas y firma de libros. En el auditorio se exhiben  las fotografías en blanco y negro de cada uno de los escritores que conforman la delegación oficial mexicana, retratados por Rogelio Cuéllar, y dispuestos de acuerdo con el orden de aparición en la feria literaria. El mobiliario del pabellón de un diseño contemporáneo y de gran estética, también diseñado por Gómez Pimienta. Las mesas y mobiliario permiten al público  que los libros se exhiban en perfecta armonía con el Pabellón. Un piso de mosaico de colores unifica los tres terrenos y las calles del pabellón, y del techo cuelgan pendones de diferentes anchos y colores con las letras de México para dar altura, proporción y escala a la estructura efímera, que hacen del pabellón de México  una estructura grandiosa en su conjunto.

 La exposición “Los otros libros” curada por la artista Martha Hellion y el editor Philippe Ollé-Laprune, se exhibe también en el pabellón de México. 82 libros de artista, firmados por creadores como Vicente Rojo, Ulises Carrión, Patricia Lagarde, Francisco Castro Leñero, Berenice Torres, Carla Rippey, Magali Lara, Javier Hinojosa, Carlos Amorales y Damián Ortega. Las vitrinas de exhibición son mesas y cuadrados que están en completa coordinación con todo el mobiliario y el diseño del pabellón, obra del trabajo del arquitecto Gómez Pimienta.

El arquitecto mexicano también diseñó el Pavillon Jeunesse, dedicado a la literatura infantil y juvenil, y la imagen gráfica de México. En este espacio  se exhibe la exposición “Los ilustradores” obra gráfica de jóvenes mexicanos . El concepto remite a la arquitectura del pabellón. El catálogo de México, las invitaciones, los afiches también remiten al diseño y a la arquitectura del Pabellón: México mosaico de diversidades.

Toda la semana se organizan mesas redondas, encuentros, conferencias, entrevistas, talleres en torno a nuestros autores y arte mexicano. Asimismo, durante el Salón del Libro dos miembros de la marimba Nandayapa animarán nuestro espacio literario.

Las editoriales francesas publican en lengua francesa en ocasión del salón del libro 37 novedades de literatura mexicana entre ensayo, cuento, novela y poesía, una cifra sin precedentes en comparación con las anteriores ediciones del Salón del libro. Estas publicaciones permitirán al público francés descubrir a autores como Carlos Monsiváis, Vicente Leñero, Margo Glantz, Nellie Campobello, Inés Arredondo, Tomás Segovia, entre otros. La editorial Gallimard publica en esta ocasión nuevos títulos de Mario Bellatin, Álvaro Enrigue, Tomás Segovia y Alejandro Rossi.

Los escritores mexicanos  invitados  fueron seleccionados por el Centro Nacional del Libro de Francia - el único requisito que se pidió fue convocar a autores con obra ya traducida al francés o de próxima aparición-  y que nos representan son: Homero Aridjis, Mario Bellatin, Carmen Boullosa, Gonzalo Celorio, Elsa Cross , Briceida Cuevas Cob , Álvaro Enrigue , Ximena Escalante, Guillermo Fadanelli ,Carlos Fuentes , Vilma Fuentes , Ana García Bergua , Margo Glantz , Sergio González Rodríguez , Mario González Suárez , Pura López Colomé , Alain-Paul Mallard, Héctor Manjarrez, Fabrizio Mejía Madrid, Fabio Morábito , Guadalupe Nettel, Ignacio Padilla , Elena Poniatowska , Juan Gregorio Regino, Alberto Ruy Sánchez , Daniel Sada , Jaime Alfonso Sandoval , Enrique Serna , Tomás Segovia , Martín Solares , Jordi Soler, Paco Ignacio Taibo II , David Toscana , Álvaro Uribe , Jorge Volpi.

La diversidad de autores, así como la variedad de libros asegura que el público francófono que conoce poco la literatura mexicana podrá descubrir a nuestros autores consagrados universalmente y a las nuevas generaciones de  escritores. Además, este homenaje a la literatura mexicana permitirá abrir  nuevos mercados a la nuestra industria editorial, así como foros europeos a la cultura de nuestro país.   

Con referencia a la presencia de México en el Salón del Libro en París, en el último número del boletín de La Voz de nuestra misión diplomática en Francia, puede consultarse toda la información sobre las actividades programadas a partir del próximo 12 de marzo. Además, y por el interés que pudiera representar, a continuación se reproducen las palabras que pronuncié hoy en un evento promocional de los organizadores de tan importante evento:

“Con profunda alegría y satisfacción participo en este acto en que se da a conocer la presencia de México en el Salón del Libro de París 2009.

México acude a esta cita con una espléndida herencia literaria y una sólida industria editorial.  Somos el país con mayor población de hispanoparlantes en el mundo, y el gusto por la lectura es un elemento que nos distingue e identifica.

Dentro de pocas semanas, alrededor de cuarenta autores mexicanos arribarán para departir con el público lector y con el mundo de la edición francesa.  Son poetas, novelistas, dramaturgos, cronistas y ensayistas de los más diversos modos de pensar y de concebir la literatura.  Orgullosamente, puedo afirmar que componen un mosaico representativo de la pujanza actual de la literatura mexicana.

A lo largo de la historia, Francia y México han compartido notables capítulos de amistad, marcados indudablemente por renovadas influencias recíprocas.  En la actualidad, la cooperación educativa entre ambos países alcanza un punto destacado.  Hay más de dos mil estudiantes mexicanos en las escuelas de Francia.  En cuanto al terreno de las letras, son numerosos los escritores mexicanos que han residido aquí, casi por tradición, desde el siglo XIX.  Por nuestra parte, hoy celebramos que Jean-Marie Le Clézio, quien residiera en México a lo largo de doce años, haya sido galardonado recientemente con el Premio Nobel de Literatura. 

En las últimas décadas, México ha cambiado mucho.  Es un país plural y dinámico, abierto al mundo y que ha realizado profundas transformaciones tanto en su vida democrática como en su desarrollo económico.  El Salón del Libro servirá para presentar a ese México contemporáneo y recordar también nuestras ricas herencias culturales.  Nuestra participación será amplia.  Además de las actividades de la delegación mexicana dentro del Salón del Libro, presentaremos exposiciones, mesas redondas, diálogos públicos y ciclos cinematográficos en otros foros de París y de la provincia.

Un número superior a las cuarenta novedades editoriales de autores mexicanos está saliendo ya de las prensas francesas.  Durante los días en que el Salón se abrirá al público, los visitantes hallarán a la venta, en el Pabellón de México, cerca de treinta mil volúmenes, de más de cien autores mexicanos.  Es una ocasión de contento saber que cada uno de esos libros en la mano de un lector significará la oportunidad de una mayor compenetración entre México y Francia.

Estamos preparados para la cita. 

El año de trabajo que llegará a su culminación en el próximo mes de marzo ha sido fructífero.  La parte francesa y la parte mexicana han colaborado estrecha y vigorosamente.  Quiero reconocer el esfuerzo coordinado de la parte francesa —del Syndicat National de l’Edition, el Centre National du Livre y el Bureau International de l’Edition Française— con la parte mexicana.  Esta colaboración ha sido ejemplar y demuestra, entre otras cosas, el aprecio y el entendimiento que caracteriza las relaciones de nuestros dos países.

Por la parte mexicana, el esfuerzo conjunto de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana, del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, y la Secretaría de Relaciones Exteriores, es garante del énfasis que el Gobierno de México deposita en la defensa de la cultura del libro como una de sus más altas prioridades.

Amigos, una metáfora que al paso de los siglos sigue siendo afortunada, dice que el mundo es un libro, y que los hombres somos sus lectores.  Ciertamente, el mundo se hace más amplio cuando un autor y un lector se reconocen y cuando dos naciones cultivan su amistad dándose a leer una a la otra.

Reunidos hoy en torno al libro, festejemos nuestro renovado encuentro. Muchas gracias”.

 

El Salón del Libro de París es uno de los principales eventos literarios a nivel mundial, en el que participan más de 1,200 editoriales y 3,000 autores. El Salón del Libro atrae cerca de doscientos mil visitantes cada año y constituye un espacio de encuentro entre las principales empresas editoriales del mundo y entre los destacados autores que acuden a lacita. Este año, México será el invitado de honor de este importante evento que anualmente se lleva a cabo en el Centro de Exposiciones de la Puerta de Versalles en la capital francesa y que tendrá lugar del próximo 12 de marzo.

En su calidad de invitado de honor, México tendrá la oportunidad de dar a conocer a Francia y el mundo la riqueza y diversidad de su acontecer literario, la originalidad y calidad de sus autores, muchos de ellos traducidos al francés, así como la vitalidad de su producción editorial. A esta cita han sido invitados  autores mexicanos representantes de las más diversas tendencias y géneros literarios. Gracias a ello, el Salón de Libro fungirá como un importante foro de diálogo e interlocución entre los actores de la industria editorial de México y Francia.

 En el Salón del Libro, México contará con un pabellón de mil metros cuadrados, diseñado por el arquitecto Bernardo Gómez Pimienta. Este espacio estará destinado a presentar las principales obras de la literatura mexicana y a fomentar el diálogo entre autores y editores de ambas naciones. No cabe duda que México llegará a esta cita con el vigor y la energía que caracteriza a su cultura, ya que nuestro país aportará su actualidad editorial, su historia literaria y la riqueza de sus autores contemporáneos. Para más información les recomiendo visitar el sitio: México: Invité de d´honneur du Salon du Livre de Paris, 2009