Carlos Fuentes recibió el 26 de mayo, de manos del Alcalde Bertrand Delanoë, la Grande Médaille Vermeil de la Ville de Paris, la más alta distinción que otorga el ayuntamiento de la ciudad a personalidades que han destacado en el mundo de la cultura. Delanoë destacó en su discurso que Fuentes es un hombre de “convicciones” que defiende dos de los valores que la ciudad de París tiene por bandera: “la libertad y la justicia”. El Alcalde agregó: “Le agradezco que ame a la ciudad de París. La ciudad de todos los enamorados de la justicia, la libertad y de la belleza”.

Al final de la ceremonia, Fuentes comentó a los medios que llegó a por primera vez a París a los 21 años, sin conocer a nadie, teniendo como único amigo a Balzac y los 20 tomos de su “Comédie Humaine” Agregó que fue descubriendo la capital francesa de la mano del novelista: “Aprendí gracias a Balzac a conocer y sobre todo a querer a París. En París ahora tengo no solo a Balzac sino a muchos buenos amigos”.

Con el permiso del autor, reproduzco a continuación la parte medular del magistral discurso pronunciado por Fuentes en esta memorable ocasión:

“… Recibo con inmensa gratitud este reconocimiento de la ciudad de París… Lo recibo como latinoamericano… Lo recibo como mexicano, consciente de los muchos lazos históricos, culturales y políticos que unen a México y Francia.”

“… Y lo recibo, en fin, como escritor intensamente relacionado con Francia y con la ciudad de París.”

“Recuerdo. En 1950, tomé un barco de la Holland-America Line en Veracruz con destino a Rotterdam. Iba a Europa a tomar los cursos de la Universidad de Ginebra y de l´École des hautes études internationales. Pero mi francés era muy raquítico. Era, en realidad, un francoñol.”

“De manera que me embarqué con un diccionario francés-español y con los veinte tomos de la Comédie humaine de Balzac en la edición de “La pleiade”, publicada por el gran editor Gallimard.

“No sé si aprendí muy bien la lengua francesa. Pero sí leí varios tomos –-no todos–de Balzac. Y sí aprendí, gracias a Balzac, a conocer y sobre todo, a amar a París.”

“En la Place de la Contrescarpe, a la derecha del Panteón, allí en la esquina de la rue Du-pot-de-fer y la rue Tournefort, se halla lo que fue la pensión de Madame Vauquer, una mujer, nos dice Balzac, tan odiosa como “una fiebre tifoidea.”

“Allí vivían Le Père Goriot, el anciano pensionista, el joven estudiante Rastignac llegado de la provincia, el diabólico Vautrin, que en una fantástica serie de transformaciones será el presidiario Jacques Collin “trompe-la-mort”, el falso abate Herrera que le demostrará a Licien de Rubempré y a Eugene de Rastignac que “no hay principios, sólo hay sucesos. No hay leyes; sólo hay circunstancias.”

“Goriot traidionado por sus hijas, ¿anuncia la traición del joven Rastignac a sí mismo cuando se da cuenta de que ante él se abre una sociedad por hacer, a la que él desafía desde lo alto de Montmartre:“A nous deux, maintenant”?

Doctores y abogados, banqueros y prestamistas, comerciantes y hombres políticos, pero también las hijas de Goriot, las solteronas y las cortesanas, les grandes coquettes, las mujeres fieles y las muchachas con los ojos de oro, así como las mujeres de 30 años, todo sale de una calle de París, la rue Neuve- Sainte-Geneviève”.

“Pero yo no quería leer a Balzac como un suplemento histórico.”

“Quería a Balzac como guía de una ciudad, porque leyendo a Balzac yo le daba un alma a París. París como lealtad y como traición, Paris como gloria y como amor.”

“Si Goriot es la semilla del árbol de Balzac sólo me quedaba a mí, en mi primer deambular por París, seguir las rutas del bosque urbano con un secreto aún no revelado por la ciudad.”

“Hacerla mía, señor Alcalde. Aprender la guía de mis propias novelas perfecamente ilusorias en ese momento, aunque germinando ya en mi descubrimiento de París, de la Place de la Contrascarpe a la Galérie Vivienne, el pasaje comercial que en Julio Cortázar puede conducirnos de París al universo y que en Balzac sirve de fondo a la carrera de Vidocq, toda vez que en este pasaje –amplio, luminoso, ahora lleno de cafés—instaló Vidocq la primera agencia de detectives privados: luz y crimen, pasaje y enfoscadero”.

“Ahora cruzaría el río para internarme en las galerías que circundan los jardines del Palais Royal, que en la Comédie Humanie es un centro extravagante del juego, un Las Vegas del siglo XIX, donde Rastignac gana sus primeros siete mil francos a la ruleta, donde Rubempré, lleno de ilusiones literarias pronto las pierde a favor del naciente periodismo moderno que Balzac sitúa en el barrio del Palais Royal, donde, al fin, Raphael de Valentin, otro estudiante, enamorado de la cortesana Fedora, lo pierde todo en el casino pero lo obtiene todo gracias a las piel de zapa –La peau de chagrín—que le abre las puertas del amor y de la fortuna.  Pero a sabiendas de que en cada deseo cumplido, su propia vida se acorta, igual que la piel milagrosa”.

“Balzac me condujo así a la literatura fantástica a partid de la relación social. Esta fue, para mis jóvenes años, una lección fundadora”.

“El autor de la comedia social de Francia, el novelista de la burguesía naciente, podía ser también el inventor de realidades paralelas y éstas, en verdad, no eran sino la parte invisible de lo real, la parte imaginaria de la realidad sin la cual ésta, la realidad, quedaría incompleta”.

Louis Lambert, que pierde la palabra porque su mente es demasiado rápida para la expresión y que termina –premonición de Nietzsche- aislado del mundo”.

Sarrasine, donde un anciano fantástico, brujo y alquimista, introduce un paso magnífico en el seno de una familia burguesa en la que siembra “atroces decepciones”.

“Porque Balzac no se ocupa de sicologías, sino de destinos.”

“Los anima —a los destino– un deseo incontrolable.  Tan incontrolable como la voluntad del pintor, Frenhofer, en Le chef-d’oeuvre inconnu, de vencer a la muerte mediante una obra de arte total, perfecta, librada de cuanto no sea la significancia de las cosas, sólo para enseñar, al cabo, un cuadro ausente porque la contiene todo: ¿hay profecía más extraordinaria de arte moderno?”

“Y en La Recherche de L’absolu, Balthazar Claes, a fuerza de desearlo todo, lo destruye todo. Balzac nos dice que la pretensión de totalidad es vana, pero que ser artista consiste en pretenderla.”

“Leí estas obras a fin de dejarme conducir, por Balzac, a París. Del barrio del Marais donde el novelista Balzac hizo el bachillerato al hotel de Chatillon en la rue Cassini, donde escribió Les Chouans.”

“A la casa de Balzac en 47 Rue Raymond donde hacen guardia la cafetera, el bastón y el busto por David.  La sede del trabajo arduo, dieciséis horas diarias, escribiendo contra la muerte, como si la intuyese a toda hora en medio de la creación afiebrada. Qué gran lección para un escritor!”

“Casa de Balzac: Casa con dos puertas, difícil de guardar. Y salida por dos calles, para huir de los acreedores”.

“En la Rue Fortunée muere Balzac en 1850.  En los dibujos de la muerte, él aparece adelgazado y a punto de ser trasladado a Pére Lachaise, donde también está enterrado Père Goriot, desde donde Rastignac lanza su desafía a París,  donde duerme el “espléndido mundo” que Balzac y sus personajes “quisieron hacer suyo”.

“Este mundo espléndido que usted representa, señor Alcalde: el París vivo, generoso y libre que es el suyo y, gracias a usted, el París de mis queridos amigos que están presentes esta tarde.”

“Señor Alcalde: El año que viene, 2011 será el año de México en Francia. Sin duda, la ciudad de París será el gran centro de esta celebración de México en Francia. París será, durante un año, una ciudad nuestra, una ciudad mexicana.”

 

Milenio

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Aunque me divierten las novelas policíacas, suelo ser bastante selectivo con mis lecturas ya que invierto buena parte de mi tiempo libre en mantenerme informado sobre la actualidad internacional. Atendiendo la insistente recomendación de una amistad, me aboqué con cierto escepticismo a la lectura de la primera novela de la trilogía de Milenio, del fallecido escritor sueco Stieg Larsson, y me llevé toda una sorpresa. El libro me prendió de inmediato y no lo pude dejar hasta acabarlo. Afortunadamente inicié la lectura un viernes en la tarde, ya que de otro modo se me hubiera complicado mi semana laboral. Gracias a la maravilla del Kindle, leí esta novela en su versión electrónica traducida al inglés: The Girl With The Dragon Tattoo

La versión en español lleva el título “Los hombres que no amaban a las mujeres”, que me parece en mejor correspondencia con la trama de la novela. El relato aborda la misteriosa desaparición hace 36 años de Harriet Vanger, durante las vacaciones de verano en una isla sueca propiedad de una rica y poderosa familia de la región. El tío de la desaparecida, Henrik Vanger, un empresario retirado, y que vive obsesionado con resolver el misterio antes de morir, contrata al periodista Mikael Blomkvist, de la revista Millennium, para desentrañar el misterio.

A partir de ahí se desenvuelve una trama fascinante en la que Blomkvist recibe la improbable ayuda de Lisbeth Salander, una investigadora privada, nada convencional, incontrolable, socialmente inadaptada, tatuada y con insólitas cualidades de memoria fotográfica e increíbles conocimientos de tecnología de la información.

Tal y como se indica en la contraportada de la versión española del libro, se trata de una novela “que es la crónica de la guerra interna de una familia, un fresco fascinante del crimen y del castigo, de perversiones sexuales, de trampas financieras, un entramado violento y amenazante entre el que sin embargo crece una tierna y frágil historia de amor. Una historia de amor entre la que será la pareja más memorable de la literatura criminal”.

Por mi parte, quisiera agregar que la temática de esta novela detectivesca es de singular actualidad ya que toma un tema difícil e inquietante: la violencia contra las mujeres. Me parece que se trata de un relato bien logrado, escrito con notable maestría y que tiene el mérito de mantener vivo en todo momento el interés del lector. Cuando leo novelas policíacas o de espionaje trato de adivinar el desenlace y siempre que lo logro acabo algo decepcionado. Nada eso ocurre con la trilogía de Milenio. La imaginación volcánica de Larsson sorprende a cada rato.

El fin de semana siguiente devoré el siguiente episodio de la trilogía: The Girl Who Played With Fire. Nuevamente quedé sorprendido y fascinado con la ágil pluma del escritor sueco. Esta vez el título en español es similar al de la versión inglesa: La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina. Creo que la siguiente anotación de la contraportada ofrece una buena pista de la trama: “entretanto… una muchacha, atada a una cama, soporta un día tras otro las horribles visitas de un ser despreciable y, sin decir palabra, sueña con una cerilla y un bidón de gasolina, con la forma de provocar el fuego que acabe con todo”.

Ayer, concluí la tercera entrega de Milenio: The Girl Who Kicked the Hornets’ Nest, que acaba de publicarse en Estados Unidos,  y que en español se intitula La reina en el palacio de las corrientes de aire. Preferio no delatar en estos apuntes el sorprendente final de esta trilogía. En cambio, recomiendo la lectura del interesante reportaje aparecido en la revista dominical del New York Times sobre la personalidad de Larsson y las disputas familiares en torno a su millonaria herencia: The Afterlife of Stieg Larsson. Creo que se trata de una excelente y entretenida serie de novelas negras que aborda espinosos temas de la realidad contemporánea. En el fondo pienso que se trata de una novela de denuncia sobre hechos inadmisibles y que, lamentablemente, pueden ocurrir en cualquier latitud.

Por último, reproduzco a continuación el inspirado comentario de mi hermano Antonio sobre la trilogía:

“Finalmente he terminado el tercer tomo de “Millenium”, la saga sueca que traducida a 50 idiomas ha vendido 26 millones de libros. En dos mil páginas de mitología nórdica, puesta al día, cuenta de una duendecilla moderna dotada de superpoderes, es decir de una hacker karateca bisexual. Ayudada por un caballero andante contemporáneo, léase un periodista metrosexual, la duendecilla derrota a un industrial monstruoso, asesino en serie y racista, y aniquila a un ogro ex agente de la KGB dedicado al tráfico de blancas. Tras regresar de ultratumba, mientras el caballero andante lidia con almas en pena - agentes de seguridad del Estado - la duendecilla enfrenta, cual beowulfa, un dragón colosal. Solos, el caballero y la duendecilla no habrían podido contra el monstruo, el ogro, las sombras del bosque y el dragón. Contaron con el auxilio de tres osadas valkirias: una profesionista workaholic que vive en matrimonio abierto un tórrido threesome desde hace dos décadas; una policía fisicoculturista en busca de pareja sexual sin compromiso; y una antigua aficionada a las drogas convertida en abogada feminista. Me encantó. Aunque los héroes de la trilogía no son los míos (¿arriba la prensa y el orgullo gay?) los villanos sí lo son: ¡Abajo los capitalistas racistas y los policías coludidos con delincuentes! Disfruté las aventuras y desventuras de Salander y Blomkvist. Son cuentos de hadas subidos de tono en sátira involuntaria de la moral posmoderna, y con un suspense a lo Hollywood sumamente entretenido”.

 

 

Ayer, en la ciudad de México, la Secretaría de Relaciones Exterioresy el Instituto Matías Romero (IMR) auspiciaron la presentación del libro “Antonio de Icaza: la alegría de servir”,obra coordinada por Mónica Toussaint. Con los comentarios de Sergio González Gálvez, Embajador Emérito; Juan Manuel Gómez Robledo, Subsecretario para Asuntos Multilaterales y Derechos Humanos; y Ana Covarrubias, investigadora de El Colegio de México. 

En el volumen 5 de la Historia Oral de la Diplomacia Mexicana – según se explica en el portal del IMR,mi hermano el embajador Antonio de Icazaofrece el testimonio de su actuación diplomática en el Servicio Exterior Mexicano y la política exterior de México:

“La narración de su destacada trayectoria, que abarca cinco décadas de la actuación de México en el mundo, permite observar cambios y continuidades en la historia diplomática mexicana. A lo largo de su ejercicio profesional sumó a su experiencia personal valiosos encuentros con personajes clave de la historia y la política internacionales. Antonio de Icaza: la alegría de servir constituye uno de los testimonios más trascendentes de un diplomático mexicano y es de gran valor para los interesados en el quehacer internacional de nuestro país. Narrada con inteligencia, detalle y sentido del humor, esta bra representa asimismo una significativa aportación al conocimiento de la historia de la diplomacia mexicana y la política exterior de México de la segunda mitad del siglo XX”.

El destacado político francés, Hubert Vedrine, quien fuera consejero del Presidente Mitterrand y Ministro de Relaciones Exteriores (1997-2002), durante el gobierno del Primer Ministro Lionel Jospin, ha publicado un interesante libro que reúne artículos, conferencias y ensayos realizados por el autor entre 2003 y 2009: El tiempo de las quimeras

 La obra está estructurada en torno a nueve temas: Estados Unidos, Europa, el Multilateralismo, Francia y la globalización, Rusia, China, el Mundo Árabe Musulmán, el África Francófona y el Cambio Climático. Vedrine, una de las mentes más lucidas de Francia, conserva en su relato la perspectiva del actor experimentado de la política mundial. Independientemente de la opinión que pueda tenerse sobre las propuestas políticas del autor, no cabe duda que la obra ofrece una visión inteligente  y bien informada sobre la actualidad internacional, desde una óptica muy francesa y europea. 

Uno de los ejes centrales de la obra gira en torno al desafío que representa para Europa y Estados Unidos la necesidad de buscar un nuevo equilibrio con el resto del mundo y, especialmente, con los países emergentes.  Es decir lo que Vedrine llama “el fin del monopolio occidental sobre la historia”, situación que ha venido haciéndose patente desde el fin del siglo pasado. 

En el prefacio de la obra - magistral diagrama de la actual coyuntura internacional- Vedrine  desmenuza el significado histórico de los profundos cambios de las últimas dos décadas y concluye que es preciso revisar  la “ilusión óptica” con la que Occidente ha asimilado estos fenómenos.  Al final de la guerra fría, apunta Vedrine, se creyó que triunfaban los valores liberales  (libertad, democracia, paz, derechos humanos, cooperación y apertura económica), y que estos serían el sustento de un mundo multipolar, más justo, equitativo y estable.  Pero ese mundo ideal, surgido de lo que Fukuyama llamó prematuramente el fin de la historia, derivó en una amplia redistribución del mapa geopolítico global y que bien puede desembocar en una gran lucha por el poder o, al menos, en una competencia multipolar de impredecibles consecuencias. 

En lugar del triunfo de lo que Vedrine llama el “proselitismo occidental”, asistimos a un cuestionamiento del poderío de Occidente y que se refleja de dos maneras: de un lado, la emergencia de potencias autónomas no occidentales y, del otro, el distanciamiento de los dos polos fundamentales del mundo occidental: Europa y Estados Unidos.  Nada de esto era imprevisible – nos recuerda el autor - pero los últimos años hemos observado una brutal toma de conciencia de este deslizamiento de las placas continentales.  La gran paradoja apuntada por Vedrin es que las “ilusiones ópticas” de la postguerra fría continúan influyendo la política internacional norteamericana y europea, cuyas proyecciones se revelan cada día más alejadas de la realidad del tiempo presente y, por tanto, se corre el riesgo de concebir políticas erróneas y peligrosas que no toman en cuenta el contexto del  “tiempo de las quimeras”.

 

« Metternich ment toujours mais ne trompe personne ». Tayllerand

Cómo me hubiera gustado, cuando inicié la carrera de relaciones internacionales en la UNAM, haber tenido en mis manos esta formidable biografía de Metternich, el famoso canciller austriaco que jugó un papel de primera línea en la construcción del orden europeo del siglo XIX.  Metternich, el diplomático seductor, escrito por el profesor Charles Zorgbibe, acaba de aparecer en las librerías parisinas publicado por Hachette Littératures. El título de la obra puede confundir al lector, haciéndole pensar que se trata de una biografía novelada de la vida amorosa de Metternich, cuando en realidad se trata de un estudio serio y bien documentado sobre la trayectoria de uno de los actores centrales de la diplomacia de su tiempo, que sin menosprecio, incluye también algunos aspectos su vida privada. Es posible que el subtítulo fuera ideado por el editor para darle un valor comercial y no reducir sus lectores a los iniciados en el campo de los estudios internacionales.

 Zorgbibe, profesor de derecho público en la Sorbona y autor de numerosas obras sobre cuestiones internacionales e historia europea, nos presenta un Metternich vencedor de Napoleón; genial negociador diplomático y uno de los artífices de la construcción del concierto europeo, sin ocultar otras facetas controvertidas de su personalidad que lo describen como un gran seductor, aristócrata arrogante, manipulador y mentiroso.

Clemente Metternich nace en 1773 en la ciudad alemana de Coblenza. El diplomático austriaco era en realidad un aristócrata alemán de la región de Renania-Palatinado, que inició sus estudios de diplomacia a los quince años en Estrasburgo, donde coincide con Benjamin Constant, el conde Andrés  Razoumovski y el General Tolstoy. Es precisamente en Estrasburgo donde Metternich se topa por primera vez con las turbulencias de la Revolución Francesa. De ahí nace una ideología reaccionaria y contrarrevolucionaria que habrá de acompañarlo toda su vida. Instalado en Viena, donde su familia se refugia en 1794, logra un matrimonio de conveniencia con Eléonore von Kaunitz, nieta del poderoso canciller austriaco -el conde  von Kaunitz-, lo que de manera natural le abre las puertas de la corte imperial. A la muerte de su suegro, logra su primera misión diplomática en Dresden (capital del Reino de Sajonia) y en 1803, es nombrado embajador en Berlín (capital del Reino de Prusia). Entre 1806 y 1809 es embajador en París, donde se revela su gran capacidad diplomática en los más altos círculos políticos, así como su poder de seducción al volverse amante tanto de la Duquesa de Abrantes, esposa del General Junot como de Carolina, Reina de Nápoles, esposa del Mariscal Murat y nada menos que hermana de Napoleón, entre otras. Se trata de un verdadero retrato político de la época, junto con la descripción fascinante de una vida diplomática que desapareció en las cenizas de la historia. El libro de Zorgbibe nos pasea por las intrigas de la corte napoleónica y describe los denodados esfuerzos de Metternich por encontrar un modus vivendi con el conquistador que humilló y doblegó en tres ocasiones sucesivas al imperio austriaco.

Así, Metternich busca pragmáticamente acomodarse a la realidad política de la época y aboga por la colaboración con Napoleón, lo que le valió las críticas de muchos de sus conciudadanos. Se vuelve un experto sobre la personalidad de Napoleón, lo que hace las delicias del lector cuando se recorren las páginas dedicadas a la compleja relación entre el monarca y el diplomático. Metternich pone en práctica una diplomacia marcada de intriga y engaño, que fructifica en el matrimonio de Napoleón con la princesa María Luisa de Austria.

Es a partir de la derrota napoleónica en Rusia, cuando Metternich inicia el cambio de chaqueta. Como es bien sabido, Austria se mantuvo al margen de la invasión francesa de Rusia, mientras Metternich –que ya era el canciller austriaco - negociaba también en secreto con el Zar Alejandro I, buscando el momento más oportuno para que el Imperio Austriaco recobrara la iniciativa frente a la amenaza que representaban para sus intereses las ambiciones de Francia, Prusia y Rusia. De hecho, Metternich logra que Austria permanezca al margen de la coalición antifrancesa de 1813, pretendiendo actuar como mediador entre los dos bandos y ofreciendo un compromiso que dejara a la emperatriz María Luisa como regente de Francia.

En 1814, tras la abdicación napoleónica, las potencias vencedoras deciden reunirse en Viena para organizar el nuevo orden europeo, en un congreso que sesionará de noviembre de 1814 a junio de 1815. Metternich fue el actor central del Congreso de Viena, y la sección que el libro de Zorgbibe dedicada al tema es una obra magistral. Por cierto, cuando empecé mis estudios, la consulta obligada era (y sigue siendo) el libro de Kissinger: A World Restored: Metternich, Castlereagh and the Problems of Peace, 1812-22. El profesor Zorgbibe, por su parte y en diversos momentos cita a Kissinger para situar las cosas en contexto y apoyar su análisis sobre las discusiones del Congreso. Otro libro que puede resultar interesante sobre los entretelones de las negociaciones y el ambiente del Congreso, es el publicado por Harold Nicolson en 1946: The Congress of Vienna: A Study of Allied Unity: 1812-1822.

A través del relato de Zorgbibe observamos la habilidad negociadora del príncipe de Metternich que coloca a Austria -una potencia tres veces derrotada y humillada por Napoleón– como el eje del nuevo orden dinástico europeo, logrando además, nuevas adquisiciones territoriales y afirmarse como el mediador entre las potencias vencedoras. Metternich logra también armar el fino tejido que desemboca en la Santa Alianza de los vencedores de Napoleón.

Me hubiera gustado, sin embargo, que nuestro autor profundizara más en el papel de Tayllerand en el Congreso de Viena y en el registro de sus conversaciones con Metternich. No cabe duda que el ingenio, perseverancia y habilidad diplomática de Tayllerand, fueron factores decisivos para que Francia conservara su integridad territorial conservando al menos las fronteras previas a 1789.

En suma, con el Congreso de Viena nace un nuevo estilo de negociación internacional: la diplomacia de cumbres y congresos que, si bien no carece de antecedentes en otros momentos históricos, se afirma a partir de entonces como el gran referente de las relaciones internacionales.

Más en Metternich, el diplomático seductor

Acabo de recibir la siguiente nota de mi hermano Antonio sobre el hiperlibro de  Jacques Atali (El sentido de las cosas), comentado recientemente en este blog:

 Me muero de ganas de leer el hiper libro de Atali. (No entendí tu empeño en querer traducir la conjunción hiper- que es en griego lo que en latín super – y en español como en francés significa grande en exceso) Si Atali encuentra que es propio del ser humano buscar una explicación a todo, ha descubierto América. Si mal no recuerdo fue Liebniz el que enunció el principio de la razón suficiente, según el cual debe haber una para que cualquier cosa exista o cualquier evento se produzca.  Como de ese principio se sigue que las cosas son como son, no podrían ser de otro modo y todo está bien como está, Voltaire afirmó que en la obra de Leibniz no hay nada útil que sea original ni nada original que sea útil, y mató al principio de la razón suficiente a carcajadas, inmortalizando al profesor Pangloss que sentenciaba que todo está bien en el mejor de los mundos posibles mientras a Candide le sucedían mil y una desventuras. Pero tiene razón Atalí en que es humano buscar explicaciones, y el fantasma del principio de la razón suficiente aún reconforta a muchos en la creencia de que la vida tiene sentido, la naturaleza no da saltos, las deidades existen. De Voltaire a Sartre hay un hilo que lleva a la nausea del absurdo, de la libertad, del convencimiento de que los accidentes ocurren y de que probablemente debemos la existencia a una única casualidad. Muy bien, pero ¿no es esa corriente otra búsqueda de explicación, de la razón suficiente?

El economista francés Daniel Cohen acaba de publicar un libro interesante y provocador: « La Prospérité du Vice: une introduction (inquiète) à l’économie ». (Albin Michel, París 2009).

Este trabajo es un viaje ágil y ameno por la historia económica del mundo. Un viaje que muestra como la economía ha modulado el comportamiento social a través del tiempo. Un viaje que nos lleva del Imperio romano a Hollywood, de la recesión de 1929 a la crisis económica generalizada de nuestros días, de la Alemania del Kaiser a la China contemporánea.  Un viaje inquietante, marcado por una pregunta que se hace el autor: ¿cómo es posible que el mismo Occidente que logró arrancar a Europa del reino de la hambruna y de la miseria, haya logrado desembocar en el suicidio colectivo de las dos guerras mundiales? 

Según Cohen, lo que sucedió ayer en Europa se repite hoy en día a escala mundial. Millones de campesinos en China, India y otros países abandonan los campos y emigran a las ciudades: la sociedad industrial remplaza a la sociedad rural. Ahora, nuevas potencias emergen: ayer fueron Alemania y Japón, hoy son la India y China. Las rivalidades se exacerban, sobre todo para controlar las materias primas, y las crisis financieras se suceden unas a otras. Contrariamente a lo que piensan los convencidos del “choque de las civilizaciones”, el principal riesgo del siglo XXI es – según el autor –que, en lugar de encaminarnos a la confrontación de las culturas o de las religiones, nos exponemos a repetir ahora, y a nivel planetario, la misma historia que ha tenido Occidente.

El autor advierte que mientras la crisis financiera ha evidenciado de manera brutal e intempestiva la avaricia de Wall Street, la economía globalizada transita hacia a un mundo de incertidumbre impulsada por falsa prosperidad del vicio, es decir por los excesos e insuficiencias del capitalismo moderno. De esta manera, las consecuencias de la crisis financiera mundial van mucho más allá de la necesidad de promover la regulación de los mercados. Para Cohen, la adicción malsana del hombre al crecimiento económico constante e innovador –mismo que ha generado la prosperidad del vicio - abren signos de interrogación sobre la viabilidad de continuar satisfaciendo este apetito insaciable. 

Hoy, en el marco de la globalización se plantean peligros inéditos en la historia de la humanidad. Cohen usa el siguiente ejemplo a modo de ilustración: “… si mil millones de chinos tuvieran mil millones de bicicletas, ello no engendraría ningún problema en el mundo.  En cambio, si mil millones de chinos tuvieran mil millones de automóviles, el futuro mismo del planeta estaría en riesgo”.

Así, Cohen se pregunta si el mundo podrá evitar el nuevo suicidio colectivo que predicen el cambio climático y los daños causados al medio ambiente. Estas son, entonces, algunas de las graves interrogantes que se plantean al comienzo de siglo XXI. Para Cohen, si se quiere comprender al mundo multipolar que se avecina, es preciso echar una mirada a la historia europea y evitar que sus errores sean repetidos por los nuevos actores en el escenario internacional.

Por último, en esta nueva era marcada por la revolución de las comunicaciones, los procesos de  globalización y la economía de la información, cabe preguntarse si la humanidad será capaz responder y de administrar adecuadamente la crisis ecológica, y transformar los modos de consumo occidental de tal modo que sean compatibles con su uso generalizado en todo el mundo.  Así, Cohen nos recuerda que, por primera vez en la historia humana, tenemos a la vista los límites precisos de la vida en nuestro planeta solitario. Ahora no podemos darnos el lujo de tratar de corregir las cosas después de cada error.  Por primera vez tenemos certeza del destino común de toda la humanidad y habrá que actuar en consecuencia.

El economista e intelectual francés, Jacques Attali, acaba de producir un interesante e innovador libro que reúne sus conversaciones en Culture France con grandes personalidades en torno a temas de actualidad y prospectiva. Se trata – según Attali – del primer “hyperlivre” que se publica en Francia, es decir un libro que incorpora tecnología digital e interactiva como complemento a la lectura de los textos que contiene la obra.

La palabra “hyperlivre” me resulta imposible de traducir de manera literal a nuestro idioma. En español, la expresión hiperlibro nos refiere a la existencia de  libros antiguos, raros, agotados,  descatalogados y hasta de ocasión. Otra posibilidad de traducción sería la palabra superlibro que más bien se usa para nombrar historietas coleccionables para niños. Por tanto, me conformaré con usar la expresión libro digital.

Una vez resuelto el dilema de la traducción, y antes de comentar con más detalle la innovación digital que envuelve al libro, conviene escudriñar el contenido de la obra. Con la colaboración de la periodista Stephanie Bonvicini, el autor reunió colaboraciones de una treintena de personalidades del mundo intelectual y político francófono. Entre los más conocidos cabe mencionar a Claude Allègre, Boutros Boutros-Ghali,  Max Gallo, Marcel Gauchet,  Michel Rocard, Philippe Sollers, Jean-Claude Trichet y  Simone Veil, quienes nos ofrecen su visión de los grandes temas de nuestra época, en sus aspectos sociales, culturales, económicos, políticos y geoestratégicos.

Según Attali, es propio de la condición humana no aceptar jamás que un acontecimiento, un fenómeno natural o una muerte permanezcan sin explicación. En consecuencia, el hombre ha imaginado cosmogonías, teologías, mitologías y toda suerte de teorías que buscan dar una explicación o un sentido al destino del mundo, con el fin de comprender mejor las cosas. De ahí,  “El sentido de las cosas” busca descifrar algunas de las tendencias que están marcando los cambios y rupturas de nuestra época.  

Los escritores reunidos en la obra son expertos en sus respectivas materias y  de una manera ágil e inteligente abordan temas como: El porvenir de la religión;  La probable evolución de las relaciones familiares y sentimentales; El impacto de las nuevas tecnologías sobre la difusión de la música; La violencia en el mundo;  El futuro de la democracia;  Los nuevos contextos de la seguridad internacional; y El cambio climático.

En próximas entradas a este blog comentaremos algunos de los temas tratados en la obra que reseñamos. Basta por ahora decir que se trata de una vista panorámica del pensamiento de algunas de las mentes más lúcidas del mundo francófono sobre la cambiante realidad de nuestro tiempo. Como todas las empresas que acomete Attali, “El sentido de las cosas” es de gran interés para todos aquellos que tenemos una viva curiosidad por los temas de prospectiva.

Ahora bien, según la definición del editor, el “Hyperlivre” es un servicio digital, donde la obra impresa se complementa con el uso de nuevas tecnologías que permiten al lector complementar los textos con sonidos, videos, actualizaciones y métodos interactivos utilizando sea un celular, la computadora personal o el Internet.

Al final de cada capítulo o sección del libro digital aparece un enigmático código gráfico (flashcode) que puede ser leído por un teléfono celular (siempre y cuando cuente con el software apropiado y una cámara fotográfica) y que permite obtener por vía SMS una variedad de respuestas tales como sonidos, fotografías videos o textos adicionales. El libro digital se complementa con lo que los editores llaman hipercontenidos (me doy, renuncio a traducir la expresión francesa hypercontenus”). Otra vía para obtener los hipercontenidos o entablar comunicación con los autores es a través del Internet mediante una visita al sitio: www.hyperlivre-lesensdeschoses.com

En suma, y más allá del hecho que el prestigio de los autores despierta un indudable interés por la obra, “El sentido de las cosas”  anticipa de algún modo la evolución futura del libro impreso, así como un mundo de posibilidades que los asombrosos avances tecnológicos abren a los lectores del Siglo XXI.

Al final de los noventas, el Foreign Office (FO) inició un importante proceso de reformas que desembocó en amplia revolución institucional y en la modernización del “modus operandi”  de la diplomacia británica, cuyos fundamentos estaban atados a tradiciones diseñadas cuando menos doscientos atrás. Desde el momento en que Robin Cook fue nombrado al frente de la diplomacia británica en 1997, las estructuras del FO se conmovieron bajo el impacto de una nueva política exterior -el “New Labour” de Tony Blair. El nuevo ministro dio cuerda a los “jóvenes turcos” (es decir los funcionarios de nueva generación que buscaban un cambio en el rígido sistema de promociones y asignación de responsabilidades dentro del FO) e impulsó su participación activa en las discusiones y grupos de trabajo creados con este propósito. Este ejercido incluyó profundas reformas a los procesos de selección y reclutamiento de personal, la formación de cuadros, los programas de actualización de conocimientos, las modalidades de promoción, la asignación de puestos y adscripción del personal tanto en el ministerio como en el exterior. Todo el sistema de comunicaciones y documentación fue objeto de una profunda transformación para incorporar los últimos avances de la tecnología de la información. La búsqueda de una mayor transparencia en la formulación de la política exterior, las relaciones y formas de comunicación vertical y horizontal entre funcionarios del ministerio, así como los aspectos de coordinación y enlace con otras dependencias, legisladores y actores políticos y sociales, fueron capítulos de la mayor importancia en este ejercicio.

El relato fascinante de este proceso es abordado por John Dickie en su libro: The New Mandarins: How British Foreign Policy Works, publicado en 2004 y que hasta ahora llegó a mis manos. El autor tuvo acceso a los participantes de este proceso y obtuvo información privilegiada sobre el funcionamiento de la cancillería británica. Cualquier estudioso de temas internacionales interesado en conocer cómo funciona el FO tendrá - por primera vez – la posibilidad de conocer las entrañas mismas de la diplomacia británica. Ameno y bien escrito, The New Mandarins no tiene desperdicio. Desde la descripción de los complicados mecanismos de ingreso y promociones hasta los detalles del proceso de toma de decisiones o las características  de la diplomacia pública, el libro de Dickie ofrece amplia e interesante información hasta ahora reservada para los corredores del FO.

Lo más interesante del libro es el recuento de cómo se llevó a cabo esta revolución dentro del FO, una de las instituciones más conservadoras de la política británica. Fue una revolución que duró cerca de cinco años y cuyo desenlace fue observado en el resto del mundo, ya que este proceso se volvió un referente obligado para los procesos de reformas en otros ministerios de relaciones exteriores, muchos de los cuales han tenido que ajustar sus estructuras para responder a los cambios de la sociedad internacional. Como es bien sabido, la multiplicación de actores internos y externos de la política exterior, así como el desarrollo espectacular de las comunicaciones y los avances en la llamada tecnología de la información han favorecido la proliferación de contactos directos entre dependencias de gobierno de todo el mundo, pasando por encima de los “conductos diplomáticos” y de la coordinación institucional a cargo de los ministerios de relaciones exteriores. En este contexto, las reformas han sido para muchos ministerios condición de supervivencia.

John Dickie nos  cuenta cómo el controvertido Ministro Cook impulsó a los jóvenes turcos –bajo el liderazgo de su asesor y “speechwriter”  Martin Gould – para que promovieran y redactaran su propia agenda `para el cambio. En apenas seis meses se crearon 100 grupos de contacto con la participación de 1,000 diplomáticos, quienes produjeron un informe con propuestas específicas para el cambio: Foresight 2010. Hasta la fecha este documento no se ha publicado. Estas ideas y propuestas para el cambio fueron abordadas por grupos de trabajo encabezadas por los subsecretarios de carrera de mayor jeraquía, con lo que se evitó una confrontación entre los jóvenes reformistas y los llamados “mandarines”, es decir  funcionarios de alto nivel que ocupaban los puestos de mayor responsabilidad en el ministerio y el servicio exterior.  

En próximas entregas comentaremos algunas de las reformas específicas emprendidas por el FO y que puedan ser de interés general para otras cancillerías. Mientras tanto, los invitamos a leer este interesante libro.

 

Las desafortunadas e injustificables acciones de discriminación que algunos de nuestros compatriotas han tenido que padecer con motivo de la gripe A-H1N1, como sucedió recientemente en Hong Kong y Singapur, contrastan con los gestos solidarios y las muestras de apoyo que los mexicanos hemos recibido en otras latitudes. Como es bien sabido, la reacción de un pueblo frente a las epidemias o desastres naturales está condicionada por factores culturales e históricos, así como por el nivel de desarrollo económico y social alcanzado en su propio país. Entre los individuos, estas reacciones dependen además de factores emocionales donde se entrelazan el miedo y el instinto de supervivencia.

A lo largo de la historia encontramos numerosos ejemplos de los estragos que han causado epidemias como la peste negra o la gripa española,  y también de la clase de reacciones que estos fenómenos han suscitado. Ahora, en la era de la globalización, las noticias llegan a todos los confines de la tierra en cuestión de minutos y consecuentemente el miedo al contagio se difunde como pólvora por todas partes. En este contexto, cabe preguntarse si a raíz del vertiginoso desarrollo tecnológico y científico de los últimos años la humanidad está hoy mejor preparada frente a estos desafíos. No cabe duda que desde el punto de vista científico hemos progresado años luz y que la medicina moderna tiene ahora poderosos recursos para enfrentar las epidemias, mismos que hace pocos años eran inimaginables. En cambio, sospecho que las reacciones de individuos y pueblos frente a estas calamidades no son tan diferentes como en otras épocas.

Con el fin de proseguir estas reflexiones, he vuelto a leer un libro extraordinario y ciertamente revelador: “La Peste”, escrito por Albert Camus en 1947. Como podrán recordar los lectores, la historia comienza en la apacible ciudad de Orán, cuando Argelia era todavía colonia francesa. De pronto la peste irrumpe en Orán rompiendo gradualmente la tranquilidad de sus ciudadanos, quienes no le dan al principio mayor importancia pero que con el paso de los meses cobra fuerza y deja centenares de personas muertas. Con el tiempo se produce una suerte de resignación a la desgracia y durante meses, la ciudad de Orán vivió doblegada a la peste. Un día y de manera súbita la peste comenzó a disminuir, pero esta no se va del todo, incluso parece que juega con la vida de habitantes de la ciudad, ya que reaparece y desaparece de improviso. Finalmente las autoridades deciden abrir las puertas de la ciudad al exterior y, poco a poco, vuelve la vida de la población a recuperar su ritmo apacible.

Por medio de “la Peste” Camús hace una profunda crítica de su tiempo y representa a través de la epidemia un hecho social, en el cual las personas se ven sometidas a eventos trágicos y devastadores, que los hacen reflexionar frente a su porvenir, sobre lo cotidiano y el destino de sus existencias. En esta novela escrita en la posguerra por uno de los principales exponentes del llamado existencialismo, Camús nos recuerda que  “es importante tener en cuenta, que la alegría está siempre amenazada, porque aún cuando la muchedumbre estuviera dichosa, ignoraba que la peste no muere ni desaparece jamás y que puede permanecer dormida durante siglos en nuestros pensamientos, para luego volver a azotar con su fuerza a la humanidad”.