Con toda franqueza no me sorprende que el Premio Nobel de la Paz – adjudicado ayer al Presidente de Estados Unidos – haya desencadenado tal polémica, como bien lo relata el Times: Barack Obama’s peace prize starts a fight. No cabe duda que la derecha norteamericana resintió el premio como una bofetada, tal como lo comenta Carlos Fuentes en su artículo de hoy en Reforma: Un premio merecido. Fuentes agrega en su escrito que las complejas realidades de la actualidad internacional no encuentran ni encontrarán por ahora una solución final y agrega: “… son parte de un mundo en evolución constante. Esto es lo que Obama ha entendido. En vez de aplicarle al mundo un cancel de fierro concebido por y para una sola nación, los Estados Unidos de América, Obama admite la diversidad política, económica y cultural de los demás y ofrece tratar con ella, dialogar y negociar en vez de dictar e invadir. ¿No es este un cambio fundamental de las relaciones exteriores? ¿Y no merece su iniciador, Barack Obama, un premio por lo ya logrado que es también un incentivo para lo que aún falta?”

En este contexto, coincido plenamente con el análisis de Lluís Bassets publicado hoy en El País: “No por lo que ha hecho, sino por lo que hará. No como un reconocimiento, sino como un compromiso. Ni como un laurel, sino como una carga. Así lo ha entendido el premiado, que recibió la noticia con un discurso en el que transfirió todo el mérito del premio a las ansias que tiene el mundo por contar con unos Estados Unidos que hagan avanzar la paz y el desarme…” Más en ¿A quién molesta este Nobel?

Juan José Bremer

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El destacado diplomático, político y escritor mexicano, Juan José Bremer habrá de retirarse del Servicio Exterior Mexicano en las próximas semanas. A lo largo de sus 22 años de servicios en el extranjero, Bremer se desempeñó con talento, profesionalismo y singular habilidad al frente  de las misiones diplomáticas mexicanas en  Suecia, Alemania, la Unión Soviética, España, Estados Unidos y el Reino Unido. Verdadero caballero de la diplomacia y con un marcado don de gentes, el Embajador Bremer sembró amigos en todos sus puestos y demostró siempre un profundo compromiso con la causa de México. Ahora, en el momento del retiro, Juan José da una nueva prueba de la nobleza de su carácter y rinde homenaje a la diplomacia mexicana en una carta de despedida que publicó el 7 de octubre en el diario Reforma y que reproduzco abajo. Por mi parte, al igual que sus muchos amigos en el Servicio, le deseo a Juan José la mayor de las suertes en la nueva etapa que habrá de iniciar en su vida, seguro que habrá de tener indudable éxito en las tareas que emprenda. Mientras tanto, por medio de este sitio rindo homenaje a la calidad humana y profesional de mi amigo Juan José Bremer. 

Carta de Juan José Bremer

“Al cierre de un ciclo profesional de cerca de 22 años, en el que he representado a mi país en Suecia, la Unión Soviética, la República Federal de Alemania, España, los Estados Unidos y el Reino Unido, le hago llegar las siguientes líneas: No soy miembro del Servicio Exterior de carrera, pero he trabajado muy de cerca con sus integrantes hasta estos años. He decidido hacer pública, precisamente en esta fecha, esta carta de reconocimiento a mis compañeros del Servicio Exterior, porque desde una perspectiva equivocada se ha buscado presentar esta indispensable función pública como un mundo de dispendio y privilegios. Los Ministerios de Relaciones Exteriores son de las más antiguas instituciones del Estado Nacional y están asociados estrechamente a su evolución. Los gobiernos dan a sus representaciones en el extranjero una alta prioridad, porque es la forma en que participan en los asuntos de la comunidad de naciones relacionados con la seguridad, la paz y las relaciones económicas; y a través de las mismas promueven sus intereses, defienden los derechos de sus ciudadanos que viven fuera, difunden los valores culturales nacionales y su imagen en el exterior. No voy a profundizar en cada una de estas actividades, tan sólo me basta señalar que en todas ellas el Servicio Exterior Mexicano cuenta con una impecable hoja de servicios. Sus aportaciones han sido reconocidas en el seno de las instituciones internacionales, en donde los diplomáticos mexicanos han trabajado en forma comprometida y constructiva, sea formando parte de ellas o representando a nuestro país. Los momentos de crisis son propicios para revisar el funcionamiento de las instituciones, pero siempre he creído que una sociedad madura sabe mantener un equilibrio entre el ejercicio indispensable de la crítica y la denuncia, a fin de corregir lo que sea necesario; y la disposición de reconocer lo que vale y debe ser respetado. Solamente así las nuevas generaciones tendrán confianza en su país”.  

“Nuestras leyes migratorias requieren modificarse. No podemos continuar teniendo trabajadores indocumentados viviendo en este país como ciudadanos de segunda clase, separados de sus familias y explotados por empleadores sin escrúpulos. Esta iniciativa ofrece una solución práctica para sacarlos de las sombras, permitirles que obtengan  permisos de trabajo y se reúnan con sus familias como residentes permanentes.”

 Senador Edward M. Kennedy, octubre de 2005

  Durante mis años en Washington (2004-2007), tuve el honor de conocer y, en varias ocasiones, conversar con el Senador Edward M. Kennedy sobre temas de la relación bilateral entre nuestros países y, principalmente, el debate migratorio en el Congreso estadounidense. Pude constatar entonces su gran calidad humana, una clara simpatía por México y su indeclinable compromiso a favor de una reforma migratoria integral que respetara los derechos de todos los trabajadores migrantes. Con su desaparición, la reforma migratoria en aquel país pierde uno de sus líderes más comprometidos y lúcidos. México pierde un gran amigo y las comunidades hispanas uno de sus mejores aliados en el Congreso. En los años por venir, su legado político será una valiosa fuente de inspiración y un importante referente en las discusiones sobre un tema crucial en ambos lados de la frontera.

  Durante sus 47 años en el senado norteamericano Kennedy ejerció un liderazgo decidido en materia de migración y solía recordar que Estados Unidos es “un país de migrantes”. En 1965, cuando comenzaba su gestión legislativa, fue uno de los principales artífices de una reforma legal que acabó con el sistema discriminatorio de cuotas prevaleciente entonces y que privilegiaba la migración europea, excluyendo la procedente de Asia y otras regiones. Durante el debate de la iniciativa dijo:

  Años más tarde, Ted Kennedy fue uno de los principales redactores y promotores del Refugee Act 1980 que estableció un sistema de asilo congruente con el derecho internacional. En los primeros 10 años de vigencia del nuevo ordenamiento, un millón cien mil personas lograron refugio y una nueva vida en Estados Unidos. En 1986 trabajó en favor de una legislación de amnistía que otorgó la ciudadanía a un millón trescientas mil personas. En 1990 tuvo una activa participación en reformas legales que permitieron ampliar las oportunidades para que trabajadores calificados obtuvieran la ciudadanía.

Como es bien sabido, en mayo de 2005, los senadores McCain y Kennedy presentaron su histórica iniciativa de reforma migratoria: “Secure America and Orderly Immigration Act” (McCain-Kennedy Bill, S. 1033). Este texto constituye la más ambiciosa y favorable iniciativa de reforma migratoria presentada en el Senado de Estados Unidos para legalizar millones de trabajadores indocumentados, establecer un programa de trabajadores temporales y acciones de seguridad en la frontera que, desde luego, no contemplaban la construcción de un muro. Un buen resumen de la iniciativa puede encontrarse en The Immigration Law Portal. Esta iniciativa nunca fue votada en el senado dado el carácter tan polémico del debate migratorio en Estados Unidos, así como por la falta de apoyo de la Administración Bush. No obstante fue un referente fundamental del debate y dio lugar a la aprobación de otras iniciativas basadas parcialmente en el proyecto McCain-Kennedy: “The Comprehensive Immigration Reform Act of 2006” y “The Comprehensive Immigration Reform Act of 2007”. Estas últimas fueron discutidas y aprobadas en el senado con una multitud de enmiendas, pero tampoco se convirtieron en ley dado la fuerte oposición a la reforma migratoria en la Cámara de Representantes, especialmente por parte del Partido Republicano.

 Durante mi estancia en Washington, el objetivo fundamental de la misión diplomática mexicana fue contribuir a lograr un régimen de migración legal, segura y ordenada, con pleno respeto a los derechos de todos los migrantes y partiendo del principio de una responsabilidad compartida. Así, el diálogo con los actores centrales del debate migratorio en Estados Unidos tuvo una importancia capital en este proceso. Por ello, destaco con profundo reconocimiento y aprecio la generosa disposición de los Senadores Edward Kennedy y John McCain, quienes siempre mantuvieron una política de puertas abiertas y diálogo franco y amistoso con todos los representantes de mi gobierno y del poder legislativo de mi país. 

 Por último quisiera recomendar a todos aquellos interesados en profundizar sobre el debate migratorio en Estados Unidos consultar el sitio web del Migration Policy Institute encabezado por mi amigo, el distinguido académico y especialista en temas migratorios Demetrios Papademetriou 

Nota del 1 de septiembre: Me parece que un buen complemento a esta nota son las palabras con que Carlos Fuentes termina su artículo de ayer en Reforma sobre Kennedy: “Y queda en mi ánimo el recuerdo no sólo de un gran político demócrata, sino de un hombre sonriente, activo, que veleaba con una mezcla de riesgo y seguridad y que gustaba de jugar un fútbol recio y echarse de cabeza a una piscina helada, amén del disfrute de un martini, igualmente frío”.

Con profunda tristeza supe de la muerte del Dr. Raúl Alfonsín, a quien tuve el honor de conocer y tratar hace ya varios años. La Argentina entera está de luto por la pérdida de este gran hombre, incansable luchador por la democracia y buen amigo de México. Recuerdo haberlo visitado alguna vez en su departamento de Buenos Aires donde recibía con gran modestia y sencillez. Me impresionó su clara inteligencia y profunda vocación latinoamericana. Como dijo acertadamente Joaquín Morales Solá en su columna de La Nación: “Era, ahora lo sabemos, un político querido o respetado, que no despertaba rechazos entre los dirigentes ni en la gente común. Cuesta comparar la conmoción social y el dolor popular que provocó en las últimas horas la muerte de Raúl Alfonsín con aquel presidente de 1989 que debió entregar el gobierno cinco meses antes de la conclusión de su mandato, en medio de una grave crisis económica. ¿Es consecuencia sólo de su carisma? Lo tenía, y en un grado importante, pero también es cierto que él expresaba valores que la sociedad está extrañando…”